martes, 23 de septiembre de 2014

LAS "FRESAS SILVESTRES"


"LAS FRESAS SILVESTRES" ("Smultronstället").
El poder destructor de la indiferencia y el poder creador de la memoria, se ponen de manifiesto en “Fresas Salvajes” de Ingmar Bergman. Película rodada en 1957, y repuesta esta misma tarde en "Intereconomía-TV".
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De igual forma que en una vida (o en muchas) es imposible leer todos los libros que uno desearía, tampoco es posible ver todas las películas que se dicen o consideran esenciales. Sin embargo, “Fresas salvajes” (“Smultronstället”, 1957), producción sueca dirigida por Ingmar Bergman, debería estar en una corta lista de producciones cinematográficas básicas.
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Si pulsan sobre cualquiera de las imágenes, obtendrán completa información sobre una de las mejores películas de Bergman.

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Protagonizada por Victor Sjöström, Bibi Andersson e Ingrid Thulin, ganó el Oso de oro en el Festival de Cine de Berlín a la Mejor Película, y fue nominada al Oscar por Mejor Guión Original. Comparte año con la que es considerada la obra maestra del realizador, “El séptimo sello”, un 1957 esencial en la vida profesional de Ingmar Bergman.

“Fresas salvajes” (en algunos países titulada “Cuando huye el día”), es sin duda una película intimista, centrada en el principal protagonista, cuya vida se ve influenciada hacia el final de su vida por sus seres más queridos, quienes no tienen buena opinión de él.

El ya anciano profesor Isak Borg (Victor Sjöström), después de varias décadas ejerciendo como médico, va a ser homenajeado y nombrado Doctor Honoris Causa, por la Universidad de Lund. Tras un inquietante sueño, en el que presencia su entierro, decide finalmente contrariar a su ama de llaves y viajar en coche, junto con su nuera.

Marianne (Ingrid Thulin), su nuera, acaba de abandonar la casa en la que convivía con Evald (Gunnar Björnstrand), un hombre de mediana edad y desprovisto de sentimientos, e hijo del Dr. Isak Borg.

Marianne, embarazada, desea tener a su bebé, pero su esposo es incapaz de desearlo o siquiera de tolerar tener un hijo. Entonces Marianne y su suegro del Dr. Isak Borg emprenden un viaje que cambiará sus vidas para siempre.

En un determinado momento, se detendrán en una casa, donde Isak pasó su niñez y conoció, por vez primera, el amor romántico. Las fresas silvestres serán para él el recuerdo más vívido de aquella época, y el vehículo a través del cual sus recuerdos, tanto tiempo reprimidos, lucharán por aflorar.

“Fresas salvajes” es una película de personajes, pero también de sentimientos, en muchas ocasiones reprimidos, y en otras defendidos de forma numantina. Isak, mientras viaja con su nuera, se cuestiona cada vez más su vida y sus acciones, y las dudas le asaltan con más fuerza, a medida que los recuerdos afloran y se apelotonan en su consciencia. Pocos pero consistentes personajes le darán la réplica, sea en el presente o desde el pasado, y le juzgarán con severidad o indulgencia, llevándole en muchas ocasiones a la desesperación existencial.

En “Fresas salvajes”, las vívidas escenas y los diálogos se mezclan con los silencios atronadores, que, a modo de revelaciones, empujan al anciano profesor a descubrirse a sí mismo, y a detestar profundamente en qué se ha convertido.

El olvido ya no es posible, e Isak se ve empujado, a su pesar, a enfrentarse con su yo más íntimo, desprovisto de cáscara, y a reflejarse en otros, aquellos seres queridos a los que casi siempre se empeñó en desdeñar.

El simbolismo es el punto fuerte de la película de Bergman, sea a través de personas, escenas, luces, sombras o silencios. El modo pausado que se destaca en la narración contrasta con la fuerza palpable de cada secuencia, cada detalle significa algo, cada diálogo es un paso más en el proceso de autodescubrimiento del protagonista, y cada conclusión parcial afianza más la línea argumental.

La puesta en escena resulta a ratos inquietante, y a ratos enormemente reveladora de nuestra propia conciencia.

Los planos, sea largos o cortos, intercalados con una maestría poco común, nos muestran tanto los escenarios y paisajes que forman parte activa del subconsciente de Isak, como a los protagonistas y sus expresiones.

Nada resulta banal, nada se deja al azar. Bergman, el maestro, nos revela la tenue frontera entre sueño y vigilia, derribada por el realizador. Por mucho que, sobre todo al principio, se empeñe Isak en que el día a día oculte sus sentimientos, finalmente éstos le explotarán en la cara.

Las fresas salvajes, fruto poco común en suecia, simbolizan para Isak los tesoros ocultos de su memoria, las revelaciones que habrán de maravillarle y, en ocasiones, entristecerle.

Por supuesto que el trabajo de Bergman se ve realzado por el excepcional reparto. Hay que destacar, aunque todos resultan creíbles, al trío protagonista, Victor Sjöström, Bibi Andersson e Ingrid Thulin, sobre todo al primero, quien refleja con una maestría que sólo da la edad, todos y cada uno de los sentimientos que el guión le exige, a cual más variado. Con un rostro lleno de expresividad, da la réplica al guión de modo perfecto, en una de las actuaciones más completas que he visto jamás.

Ingmar Bergman, que fue más lejos cuando volvió a los temas de la vida y la muerte, alcanzó por fin la cima de su arte con “Las fresas salvajes”, donde el amor y la muerte, el pasado y el presente, el sueño y la vida, se unieron en el transcurso de una encuesta realizada por un hombre viejo, amable y odioso al mismo tiempo, espléndidamente interpretado por el maestro de Bergman, el poderoso Victor Sjöström, que había de morir poco después de haber representado este último papel.

César R. Docampo
http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2012/08/20/-las-fresas-silvestres-smultronstallet-/ 2012-08-20T23:22:28Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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