lunes, 15 de septiembre de 2014

XII FESTIVAL DE CINE DE MÁLAGA: "Ajuste de Cuentas". La película "AJUSTE DE CUENTAS" de la directora Manane Rodríguez, audaz y fuerte crítica sobre los avatares de las gentes del cinema. Porque no todo lo que se ve es un camino de rosas. ====================== Justo hoy, 22 de Abril de 2007, hace treinta y siete años. Aquella Primavera de 1972 (fría, lluviosa y triste) vio desaparecer a dos figuras populares del cine: Jorge Mistral y George Sanders. Figuras de muy distinto signo pero unidas por un mismo aciago fin: El de la muerte voluntaria. Mistral, el español galante de "Locura de amor" y "Un caballero andaluz"; el bandido generoso de "La duquesa de Benamejí", el segador de "La Venganza", etc., llenó toda una época del cine español: En "Locura de amor", "Abismos de pasión", "Pequeñeces", "Botón de ancla", "Amor prohibido", como en aquella película cuya tesis está hoy en el candelero ("Derecho a nacer", sobre el aborto), y muchísimas más. Su porte altivo, agitanado, así como la dureza algo sofisticada de sus rasgos, le elevaron a la categoría de "guapo" nacional, destronando a valores tan consagrados como Rafael Durán o Julio Peña. Su popularidad le valió un contrato en México donde filmó "Deseada" (1950). En pleno auge de su fama en Latinoamérica, Mistral logró figurar en coproducciones internacionales con Alan Ladd y Sofía Loren. Pero, en la década de los años 60, sólo dos films le trajeron a Europa: "Scherezade" y "Los pistoleros de Casa Grande". Para entonces, el "guapo", demasiado maduro, se había convertido en un actor secundario que no quería o no sabía envejecer. Afincado definitivamente en México, Mistral, como tantas viejas glorias, recaló en la televisión. Fueron diez años de decadencia artística. Al final, la perspectiva de un cáncer le empujó a una decisión fatal en aquella madrugada solitaria del més de Abril, hace justo ahora 37 años. Se suicidó el 22 de Abril de 1972, dándose un tiro en la cabeza. . . . Y yo aún recuerdo que... -Cuando Juan Antonio Bardem, había acabado su guión sobre "La Venganza", fue a visitar a su productor Cesáreo González (un orensano de aquel precioso pueblecito junto a la Ribeira Sacra, por nombre Luintra). Bardem iba a proponerle que deseaba realizar su película, no con actores profesionales, sino vocacionales, escogidos por él, igual que había hecho Robert Bresson para su película "Journal d'une Curé de Campagne" ("Diario de un cura de aldea"), película inspirada en una novela de Bernanos. Pero Cesáreo González le respondió que se dejara de gaitas; que un productor se juega su dinero y ha de pensar forzósamente en la taquilla. De manera que le obligó a poner a Carmen Sevilla, Raf Vallone y Jorge Mistral, el más guapo del cartel entonces en alza. . . . ¿Y George Sanders? ¿Quién no se acuerda de George Sanders? Aunque muy pocos hubieran reconocido al actor en el caballero envejecido y de paso vacilante que filmara la televisión el día antes de su muerte. Alto, elegante, de boca sensual, Sanders fue el villano por excelencia en numerosas películas, desde el chantajista de "Rebeca" al pirata de "El cisne negro", sin olvidar personajes tan inquietantes como el chejoviano juez de "Extraña confesión", el pintor Gauguin de "Soberbia", o el ladrón Vidocq convertido en policía de "Escándalo en París", hasta llegar a la creación más perfecta de su carrera en el cínico crítico teatral De Witt de "Eva al desnudo" que, en una escena magistral, desenmascaraba a la ambiciosa Anne Baxter. Después de ser premiado con el Oscar por esta interpretación, la carrera del actor entró en declive durante los años cincuenta. Irónicamente fue en una película que no le gustaba, y con un director al que no comprendía, donde consiguió una de sus caracterizaciones más memorables: El vulnerable Alexander Joyce de "Te querré siempre", una de las obras maestras de Rossellini, película sobre la que deseo hablar muy pronto. Después, George Sanders fue aceptando progesivamente papeles indignos de él en películas de segunda y tercera categoría. Y así le pudimos contemplar, con un inconfundible rictus de tedio, en aquella coproducción española, "La ciudad sin hombres", donde acariciaba distraidamente a su secretaria-amante Elisa Montes, casi con el mismo gesto con que celebró las excelencias del cuello de Hedy Lamarr en "Sansón y Dalila". George Sanders era un hombre inteligente, demasiado inteligente para la profesión que seguía y para el mundo que frecuentaba. Y así quiso distraer su aburrimiento creciente casándose varias veces, escribiendo (su novela "Crimen en las manos" es tan "negra" como excelente), o cultivando un dandysmo sistemático. Se había casado con Susan Larson, con la actriz húngara Zsa Zsa Gabor, con Benita Hume y con Magda Gabor (hermana de Zsa Zsa). Tituló sus memorias autobiográficas "Memorias de un Sinvergüenza Profesional". Su amigo David Niven afirmó que Sanders había anunciado su final mucho antes de llevarlo a cabo, en una nota que decía: "Querido mundo, me voy porque estoy aburrido. Siento que he vivido bastante. Te dejo con tus preocupaciones en esta dulce cisterna. Buena suerte". Al final se despidió del mundo con un suicidio poco estético pero llevado a cabo con una displicencia de gran señor, signo último de la profunda ironía que había caracterizado toda su vida, una ironía lúcida, desengañada y amarga. Se suicidó con una sobredósis de barbitúricos la noche del 23 al 24 de Abril de 1972, en el GRAN HOTEL DON JAIME, de Castelldefels (Barcelona). Dejaba una nota de su puño y letra en la que atribuía su acción al hastío. En una hoja con el membrete GRAN HOTEL-REY DON JAIME, dejó escrito a mano lo que sigue: "Avisar a su hermana Mª Bloecker. Teléfono HORSHAM 60770 (Inglaterra Condado de Sussex). Hay suficiente dinero en mi bolsillo para pagar todo esto". Hasta aquí, los entresijos de dos eminentes actores de cine. Podríamos asomarnos a cientos, a miles de casos parecidos. Todo esto me lo ha sugerido y viene a cuento de "Ajuste de cuentas", película dirigida por Manane Rodríguez y presentada al XII Festival de Cine de Málaga. "En la vida de los actores no todo es gloria", es la tesis de "Ajuste de Cuentas". Siempre el cine nos ha contado verdades, las verdades de los demás. Por primera vez, en "Ajuste de Cuentas", el cine se retrae, palpa sus miserias, los intérpretes miran directamente a la cámara y, en planos-secuencia, nos deletrean sus propios monólogos, como última respuesta a las insidias de esta repugnante sociedad. A los actores, en general, les falta un buen Karma. César R. Docampo http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2009/04/22/xii-festival-cine-malaga-ajuste-cuentas-/ 2009-04-22T13:33:16Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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