lunes, 15 de septiembre de 2014

DE AUGSBURGO A CAMPILLOS...
...PASANDO POR MONTPELLIER Y GÉNOVA. SUMA Y SIGUE...A propósito de "Las urracas saben que no es oro todo lo que reluce" (NisonNiestan dixit). PRIMERA PARTE: ========== En la historia del periodismo, entre otras muchas historias, hay dos que tienen bastante que ver con las urracas. Una se refiere al personaje Teofrasto Renaudot, médico por aquella gran universidad de Montpellier y del que me gustaría hablarles algún día..., mientras, si les parece, pueden asomar la mirada por el Google Wikipedia donde algo podrán ver (aunque muy pobre, por cierto, y omitiendo a mi juicio lo más importante y principal del personaje). La otra historia, muy relacionada con la anterior, y de capital importancia para el surgimiento del periodismo, se refiere a la firma Fugger. Historia que voy a exponer y que, con todo el respeto, se la dedico a Antonio Gómez García, Presidente de la Asociación de Empresarios de Guadalteba (mañana sabrán por qué). La famila Fugger fue la más importante casa mercantil, industrial y bancaria del siglo XVI, y seguramente la mayor empresa de todos los tiempos. Tuvo como sede inicial la ciudad de Augsburgo, en Alemania meridional, donde se estableció en 1376. Su fundador, un tejedor acomodado, se llamaba Juan Fugger. A su muerte en 1409, le sucedió su hijo Jacobo "El Viejo", quien extendió sus relaciones a otras plazas, exportando productos textiles y metalúrgicos a Italia, e importando de Italia especias, sederías, algodón y azafrán. Jacobo "El Viejo" muere en 1469, sucediéndole en los negocios tres hijos, de los que el más joven de todos (Jacobo "El Rico") fue muy pronto la cabeza del negocio familiar, orientando la empresa hacia un tipo de negocios nuevos. En 1487, a cambio de un préstamo al archiduque Segismundo de Habsburgo y del Tirol, recibió en garantía la explotación de las ricas minas de plata del Tirol. Cuatro años después (en 1491), los Fugger se convirtieron en banqueros de la casa de Habsburgo, al mismo tiempo que extendían su dominio en la minería de la plata, fuente de sus especulaciones bancarias. Al mismo tiempo, en 1487, se establecieron en Salzburgo, Carintia y Estiria como empresarios, obligando a los propietarios de minas de la región a venderles su parte, controlando así toda la minería de plata de Alemania medidional, la más rica de Europa. En 1494, la firma Fugger se transformó en sociedad colectiva, con lo que adquirió una gran flexibilidad, tanto para la atracción de capitales, como para la absorción y cooperación con otras firmas. Un paso importantísimo fue el contrato con la firma Thurzo de Cracovia, para la explotación de minas de cobre y plata de Hungría. De manera que, con el dinero de los Fugger, y aprovechando la influencia política cerca de los Habsburgo, se organizó un vastísimo monopolio minero. El cobre de Hungría y la plata del Tirol constituyeron desde entonces los dos pilares económicos que proporcionaron una base solidísima a la firma Fugger. Valiéndose de la influencia imperial, conservada con constantes préstamos y servicios, y de su extensa organización mercantil, los Fugger controlaron el comercio europeo de estos dos importantes metales. La plata era metal precioso y utilizado como base monetaria; el cobre, ante las dificultades técnicas de la metalurgia del hierro, era el metal más en uso para la guerra (cañones, armaduras, armas, etc.) y para la vida ordinaria. Además el cobre y el bronce tenían una gran estimación en los mercados oceánicos, especialmente en África y la India, donde eran casi tan estimados como el oro. La red de factorías de los Fugger se extendió por toda Europa, desde el Báltico (Hamburgo, Danzig) y Noruega (Bergen) hasta el Mediterráneo (Nápoles y GÉNOVA) y Lisboa, y desde el Atlántico (Lisboa) hasta Oriente (Novgorod), infiltrándose en todos los ámbitos de la vida mercantil y bancaria. Si el comercio índico portugués necesitaba capitales y navíos, los Fugger, asociados a otras poderosas firmas alemanas e italianas, suministraron el dinero, los bastimentos y equipajes a la corona de Portugal, encargándose también de la venta en Amberes, en régimen de monopolio, de las especias asiáticas. Este "contrato de la pimienta" en el que los Fugger tenían una gran parte, les proporcionó enormes beneficios durante el primer tercio del siglo XVI, pues les permitía además dar salida a objetos de cobre y bronce (armas, utensilios de cocina, brazaletes, etc.) producidos por la empresa. Para vigilar de cerca este negocio, instalaron una factoría en Malaca. En cuanto a sus negocios bancarios, los Fugger habían logrado introducirse en la corte pontificia, desplazando a los tradicionales banqueros florentinos. Se encargaron de colectar y transferir las rentas e impuestos que los eclesiásticos de Alemania enviaban a la curia. En este papel, también los Fugger intervinieron en el desgraciado asunto de la venta de las bulas de indulgencia, que dio lugar a las diatribas de Lutero y a la precipitación de la Reforma protestante. Pero el mayor negocio de los Fugger consistió en su participación en la elección inperial de Carlos V. La elección se realizaba por siete príncipes del Imperio y solía correr dinero abundante para ganar votos. En esta ocación, la operación de los candidatos, entre los que se encontraba el rey de Francia, Francisco I, fue extremadamente dura, y, por tanto, las sumas empeñadas mucho mayores. Carlos V hubo de distribuir la impresionante suma de 850.000 florines de la cual casi la mitad fue aportada por los Fugger, que naturalmente se arriesgaban en el asunto. Cuando Carlos V fue elegido Emperador, los Fugger obtuvieron su recompensa: Aparte de otras fantásticas prebendas, lograron el arrendamiento de las rentas de las Órdenes militares españolas, que comportaba, además de los pastos de Castilla la Nueva, las ricas minas de azogue de Almadén, metal indispensable para la metalurgia de la plata y del cobre, logrando así un medio fundamental para su desarrollo metalúrgico en Europa y, sobre todo, para la actividad minera en México y Perú, a donde enviaban, en régimen de absoluto monopolio, grandes cantidades de azogue en las flotas sevillanas. En 1525, los Fugger habían llegado a la cúspide de su riqueza, poder e influencia. Poseían 26 sucursales por América y Asia. Gozaban de la intimidad de los Papas, del emperador Carlos V (quien se alojó más de una vez en su mansión de Augsburgo), y de reyes y príncipes a quienes ayudaban en sus necesidades. Y como de tejas abajo nada hay que sea eterno, otro día les contaré la decadencia de los Fugger. Quiero, antes, alumbrar dos inferencias a partir de los datos presentes, con el fin de establecer la ilacción de cuanto acabo de contar, con los dos motivos que me han conducido a ello. PRIMERO: "Las urracas saben que no es oro todo lo que reluce", dixit "NisonNiestan". ¿Sabe "NisonNiestan" que las "urracas" (mejor dijo las "urraquillas") han estado siempre posibilitando y fortaleciendo el éxito en los negocios? Tal vez, por ello, sea certera su sapiencia: no es oro todo lo que reluce, como afirma "NisonNiestan". La SEGUNDA INFERENCIA, es a propósito del futuro para esa gran idea como es La Asociación de Empresarios de Guadalteba (C A M P I L L O S). Reflexión que dedico a Antonio Gómez García, hijo de Alonso Gómez Pardo (q.e.p.d.), persona a la que recordaré siempre con adoración. . . . César R. Docampo
http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2009/04/28/de-augsburgo-campillos-/ 2009-04-28T14:48:26Z
César latabernadelosmares@yahoo.es

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