lunes, 15 de septiembre de 2014

¡VOLVER A LA CASA DEL PADRE!


¡VOLVER A LA CASA DEL PADRE!
… PERDONEN USTEDES, PUES NO HABLAREMOS... -De noticias como que Angelina echó de casa a Brad Pitt por borracho. -Ni de Zapatero a cuestas con su España Torpe y Tambaleante, llegando tarde, después que el Rey, al acto de la Pascua Militar. -Ni tampoco de la ministra Carme Chacón, rompiendo el protocolo, porque la Casa Real había exigido que las mujeres fueran vestidas de falda larga y la Chacón se presentó con pantalones (“palabro” que ritma con “Coscorrones”, que es lo que se merecía). -Tampoco hablaremos sobre “Las cenizas de Cristo”, película inspirada en la obra de Pedro Luis Gómez director de comunicaciones de El Sur de Málaga, obra referida al Cristo de Mena, quemado en Málaga en 1931. -Ni mucho menos hablaré de mi paisana Elena Salgado, flamante más que victoriosa ministra de Economía, pues no se comprende que..., mientras el país ha llegado a un déficit de 72 mil millones de euros, y tiene más de cuatro millones de parados, más un millón de hogares sin ingresos de ningún tipo para poder comer, ella presuma y nos diga que duerme a pierna suelta... Mientras tanto...( como tan acertadamente sugieren "Adelante" y "Cruzblanca"... ¡Qué bien viven los políticos con nuestro dinero! A pesar de todo, no es esto lo peor. =========================== Lo peor es que: 1º.- El sistema político democrático está agotado. 2º.- El sistema económico capitalista está agotado. 3º.- Y el Cristianismo nos lo están convirtiendo en el mayor de los obstáculos para la implantación de una nueva y necesaria “mentalidad ecológica universal”. 4º.- El lema es: ¡Muerte al Cristianismo y emergencia del fundamentalismo islámico!. 5º.- Zapatero y el PSOE quieren llevarnos a los paraísos (¿?) de ese universo domeñado por la masonería, los grandes poderes financieros judíos, el club Bilderberg, el CFR, la Trilateral y ese rey judío mundial (David Rockefeller). … … … Así que vayamos por partes: Veamos primero cómo la filosofía, sobre la dialéctica hacia la existencia de Dios, nos fue conduciendo al agnosticismo y ateísmo postulatorios. El tema de la búsqueda de Dios en el mundo puede ser enfocado de muchas maneras, pues son múltiples los puntos de vista los que conforman un encuadramiento del problema. En síntesis, la cuestión podemos plantearla en los siguientes términos. Dios es Padre; la búsqueda de Dios es la búsqueda del Padre; y a la casa paterna se llega bajo la guía de la Iglesia. El problema de la búsqueda del Padre en una época de crisis de todos los valores transcendentales, en la que se tiende a eclipsar lo sagrado, obliga y exige un conocimiento preciso del mundo en que se vive y de la lógica a que responde. Un conocimiento serio y documentado: el único que permite establecer una base de recuperación. Ante todo, la situación histórico-cultural de nuestro tiempo. Se trata de una herencia vinculada a la superposición de experiencias ya seculares, en cuyo análisis se encuentra la clave de las distintas actitudes que caracterizan la inquietud existencial muy típica de nuestros días. La primera de dichas experiencias puede ser catalogada bajo el título de Subjetivismo Religioso. A través de él se pretendía, y se pretende todavía, establecer un punto directo con Dios evitando, naturalmente, a la Iglesia y al sacerdote. La negación de la Iglesia y del sacerdote como mediador entre Dios y el hombre, hace que éste confíe la búsqueda de la casa del Padre a su personal presunción, alimentada desgraciadamente por una engañosa emotividad. Este buscar a Dios a través de las sendas del subjetivismo, constituye una actitud existencial aún frecuente. Pero hay otro modo de buscar a Dios que, aunque pudiera parecer ya superado, es todavía una realidad. Me refiero a lo que llamamos el modo “iluminista”, con arreglo al cual el hombre reconoce a Dios como Arquitecto. No es la línea consagrada por la revelación, sino un descubrimiento de la racionalidad a la cual se le levanta el supremo altar. (Recordemos que la Revolución francesa fue la “Revolución más irracional” en nombre de la Diosa Razón). “Todo reside en la razón -se afirma-, todo por la razón, nada fuera de la razón”. “La Iglesia es un montaje y los sacerdotes son o embusteros o ignorantes”. Es, ésta, la posición de los enciclopedistas: una mentalidad que aún no ha sido enterrada. “Lo sobrenatural es una fábula, y el imperativo de la vida debe ser éste: arrégleselas cada uno por su cuenta”. “El hombre -se añade- ya reza cuando trabaja; el reclinatorio es cosa de tontos”. Todas estas posiciones iluministas que continúan en boga, se pueden desprender bajo la presión del llamado “neocapitalismo”, que persigue un solo objetivo: El “Bienestar”, o mejor todavía, según la expresión de Galbraith, la “Opulencia”. (Espero poder exponer otro día el siguiente enunciado: (“BIENESTAR y BIEN SER”). Así, el hombre, reducido a los valores de la “terrestridad” (trátese bien del simple materialismo, o bien de aquel otro materialismo mesiánico marxista, o del existencialismo de derivación sartriana), el hombre -digo- ha terminado de perpetrar lo que Lacroix llama el asesinato del Padre. Y, al dar muerte a la paternidad de Dios, se está matando también todo sentimiento de fraternidad. Existe otro modo de afrontar el problema de Dios. Es el que siguen los criterios profesados por el inmanentismo, el cual sostiene que el Dios que está en el cielo es algo demasiado lejano. “Los hombres pasan -afirma del inmanentismo- pero el espíritu permanece”. “Todo constituye una procesión del espíritu que continúa desenvolviéndose inalterado. El Cristianismo no es un producto definitivo”. Así piensan, entre otros, Hegel, Croce y Gentile. Este lenguaje del inmanentismo es, en verdad, un lenguaje seductor y peligroso, además de haber saqueado la terminología cristiana. Los pregoneros de esta tendencia, aún en boga, se llenan la boca de Dios, de redención, de revelación -que es únicamente filosófica-, de fe -que es sólo confianza-, pero no nos hablan de un Dios personal. Junto con las tendencias idealistas, sigue progresando, hoy, el positivismo que se complace en concebir al hombre como una superorganización de la materia, como un alma “razonable”, más aún: como un animal que vive y actúa exclusivamente para buscar el alimento, según la tesis de Van Loon. Pues bien... Todas estas experiencias han abierto camino a la nota más típica de nuestro tiempo: La Terrestridad. Si el hombre lo es todo, si es sólo un animal muy perfecto, lo único absoluto es la vida humana. Nuestro siglo es, por ello, el siglo de la metafísica biológica (Bergson). Y ello nos lleva a una desvinculación espiritual caracterizada por el oscurecimiento de Dios, por el eclipse de Dios. Y, sin embargo, en medio de este eclipse, vibran los signos de una inquietud que es nostalgia, confesada o no confesada, de la casa del Padre. Nostalgia que es crisis. Y esta crisis nos confirma que si eliminamos o borramos el valor “Dios”, el valor “Hombre” pierde su significado, sobre todo el significado de “hijos de Dios”, luego todos hermanos: El “prójimo”. Y, así, entonces... ¿Quién confía hoy en el hombre? ¿Qué confianza existe en los hombres? A este respecto, acude a mi memoria aquella expresión de muchos ex-cautivos en la Segunda Guerra mundial, cuando exclamaban: “Las bestias eran los únicos seres que no nos ofendían”. … … … Continuará. César R. Docampo
http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2010/01/08/-volver-casa-del-padre-/ 2010-01-08T22:14:40Z
César latabernadelosmares@yahoo.es

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