domingo, 14 de septiembre de 2014

¿QUÉ AGUA HEMOS DE BEBER? (45)
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Además de tratarse de un bien escaso, los datos inquietantes sobre el medio ambiente nos hacen dudar de la calidad del agua que bebemos. Recuerdo aquella catástrofe en la factoría Sandoz de Basilea donde las cámaras de la cadena FR3 filmaron a un pez moribundo que sacaba la cabeza del agua envenenada tratando de respirar aire. ¿Era un presagio de lo que algún día puede ocurrirnos en el planeta Tierra? . . . ¿Podemos confiar en nuestra agua del grifo? Es agua “tratada”. Le dicen “agua potable”, pero dista de ser agua pura. Para descontaminarla y hacerla potable, todos esos productos que le añaden, a veces son tan tóxicos como las sustancias que trata de eliminar. El agua “tratada”, con frecuencia, contiene más de medio centenar de compuestos orgánicos e inorgánicos: cloro, flúor, incluso ozono, que sirven para destruir los gérmenes, las bacterias, los virus, los hongos, etc. Además el agua contiene unas 16 sustancias potencialmente cancerígenas: arsénico, benceno, cadmio, cloroformo, los PCB (bifenoles policlorados), lindane, tiodane, los THM, los BHC y otros horrores. Muchos de estos ingredientes llevan 20 años en nuestras conducciones de agua, lo que exige sistemas de filtro cada vez más complicados. Y sin embargo el agua municipal sigue siendo la que en los hogares se utiliza para cocinar y beber. Pero es que si salimos al campo, al medio rural, la potabilidad del agua sigue amenazada por los productos químicos, el plomo de los cartuchos de los cazadores y las lluvias ácidas que afectan a las aguas subterráneas. Ya hace más de 25 años, allá por 1982, en la revista “Newsweek” del estado de Michigan, el secretario de Recursos naturales Andrew Hoggart nos decía: “Las bacterias del suelo pueden descomponer un gran número de elementos, pero no tienen nada que hacer frente a los 63.000 productos químicos organo-sintéticos que hoy día se encuentran en el mercado. No podemos garantizar la potabilidad de los pozos tradicionales”. De aquí se deduce que las autoridades locales debieran tomar nota y estudiar como se encuentra de contaminada la capa freática de cada pueblo. Sólo así podría conseguir el depurador adecuado que descontamine las aguas del subsuelo. Dirán algunos de ustedes: Bueno, muy bien, la solución: “aguas embotelladas”. El mercado de las aguas embotelladas no ha dejado de crecer desde hace años. La competencia es feroz. La clientela, quienes se responsabilizan de su propia salud. Pero todos tendemos a meter todas las aguas en una misma botella y le llamamos agua mineral a todo tipo de agua embotellada. Una barbaridad. Las consecuencias, para la salud, pueden ser desagradables cuando no perniciosas. Muy en síntesis diré que en el mercado se dan tres categorías de aguas embotelladas: Agua de manantial, agua mineral, agua de mesa. 1) Agua de manantial: la que proviene de una capa de agua subterránea y no ha pasado por una conducción pública. Debe de ser bacteriológicamente pura y exenta de todo contaminante. Su contenido en cuanto a sales minerales no debe exceder de 1.000 ppm (partes por millón) 2) Agua mineral: Como el agua de manantial pero más mineralizada, debiendo ser el contenido en sales superior a 1.000 ppm. 3) Agua de mesa: es un agua tratada sencillamente, es decir que ha sufrido un tratamiento para hacerla potable, bacteriológicamente pura y exenta de todo contaminante. Conviene no abusar del agua mineralizada, pues el aporte excesivo de ciertos minerales a largo plazo puede resultar nocivo. Su consumo debiera limitarse a las indicaciones terapéuticas. Un agua mineral bien elegida puede aliviar ciertas afecciones renales, hepáticas o circulatorias. En cambio, agua con importante contenido en sodio está contraindicada para un hipertenso. Las aguas de manantial, además de que también pudieran estar contaminadas, después de embotellarlas pierden parte de su vitalidad originaria; sus moléculas se compactan. Y con el tiempo van estando menos oxiginadas, menos magnetizadas, convirtiéndose en aguas muertas. CONCLUSIÓN: Estamos llegando al punto en que toda la población se verá obligada a tener un depurador de agua como quien tiene un teléfono, televisor y frigorífico. Hay muchas opciones en cuanto a purificador: Hay filtros de zeolitas, purificadores de carbón con o sin plata, lámparas de rayos ultravioleta, descalcificadores eléctricos, desmineralizadores o desozonizadores, cartuchos de filtro cerámico, ozonizadores, purificadores por ósmosis inversa, magnetótonos, aparatos para destilar el agua, etc. Cabe, además, combinar varios procedimientos. Nunca se debe usar agua caliente del grifo para beber ni para la cocción. El agua caliente es más susceptible que la fría de arrastrar partículas de plomo procedentes de las cañerías y soldaduras. Fenómeno éste que es más pronunciado en lugares donde las aguas potables son dulces y ácidas. El mayor riesgo se presenta en las viviendas nuevas durante los cinco primeros años a partir de la construcción. Quienes residan en ciudades, pueden obtener un agua de gran calidad imantando la del grifo. El agua imantada actúa sobre los riñones, el hígado, la vesícula biliar, la tensión arterial, el sistema digestivo. Reduce las tasas de colesterol, de urea y de azúcar en sangre. Influye positivamente sobre nuestro organismo y por tanto también sobre la mente. César R. Docampo
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http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2008/01/19/-que-agua-hemos-beber-45-/ 2008-01-19T16:22:26Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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