domingo, 14 de septiembre de 2014

EL CINE AL SERVICIO DE LA ARQUITECTURA GENÉTICA (45) El arte cinematográfico organizado como industria, debe ser lo que su público es y demanda, y si éste no comprendiese la ciencia ficción, el cine no la trataría. En el sentido de que estaría desnaturalizando la realidad. La ficción científica, a veces hiperbólica y siempre exploradora, tiene su público a veces incluso como utopía y alimento espiritual, pues el cine está en todo; desde la caverna de Platón hasta la Universidad de Houston donde nuestro eminente Juan Oró dirigía el proyecto Vikingo para viajar a Marte. En la mecánica de la creación artística en cuanto al cine, todo está ahí: El mundo exterior, eso que llamamos Naturaleza: los paisajes, los hechos con su acontecer y los hombres con su vida; también el Universo invisible al ojo humano, por infinitamente grande o infinitamente pequeño. Está el mundo interior y nuestros ensueños, la psicología y la imaginación. Está también lo que no existe, en verdad, ni dentro ni fuera, constituyendo ese mundo fronterizo más allá de lo que soñamos. Es decir, el inmenso universo, como un hecho total al alcance de todo el que quiera tender la mano, la vista o el oído, para tomarlo en alguna de sus dimensiones. Pero la reproducción estricta de la realidad no sería arte; ha de ser una creación, cuando la realidad o Naturaleza ya está hecha como es. Quiero decir que los guionistas y directores de cine lo que en verdad hacen es seleccionar, con visión instintiva, con un impulso casi mágico, una parte de lo que tienen ante sí o llevan dentro de sí. Y de esta confluencia entre la expresión personal y la instigación de la realidad brota la obra cinematográfica, pero ya como otra realidad, capaz de afirmarse frente a la Naturaleza misma y actuar sobre ella, creando realidades nuevas, por ejemplo cinco, cuarenta, cien o miles de “Mundos Felices” (mejor dicho: Braves News Worlds, “Valientes Nuevos Mundos”, que así se titulaba inicialmente la novela de A. Huxley, en la que se inspira la película “Gattaca“). Cinco, cuarenta, cien o miles de Don Quijotes troquelados, que serán gracias al cine, más verídicos y actuantes que todos los seres reales que poblaron la Mancha donde ese fantasma literario vivió. Así es la grandeza del cinema. Los diez minutos iniciales de “Gattaca” constituyen un precioso pórtico por la temperancia, su lenguaje tremendamente elíptico (en pocas imágenes se nos sumerge en su tesis), el ritmo perfecto y las transparencias en formato acuarela, que tansmiten confianza y naturalidad. Sin haber visto la película, por lo poco que sé la valoro como el más moderno conato en la línea inaugurada por Platón, quien para alcanzar una sociedad perfecta proponía la eugenesia positiva, aunque no tan atrevida y brutal como el nazzismo a la búsqueda de la raza aria. Por cierto, en la transición española, ya la UCD llevaba en su programa el tema eugénico. Por alguna parte he leído que uno de los personajes de GATTACA se llama “Eugene”, y que traducen por “Bien nacido”. La tradución no es del todo correcta, y es importante tenerlo en cuenta supuesto el mensaje biológico o de arquitectura genética que se esgrime. “Eugene“, literalmente no significa “Bien nacido“, sino “Bien engendrado”, que no es lo mismo. "Nacer" no es más que pasar de un útero biológico a un útero social. "Engendrar" es estructurar un ser vivo en cuyos cromosomas va informatizado absolutamente todo: el esqueleto, la estatura, el timbre de voz, el temperamento, el color del pelo, el despliegue de todos los órganos, así como la proclividad Sí/No a los distintos tipos de enfermedad. Aldous Huxley en “Un mundo feliz” (obra de alguna manera inspirada en “La Tempestad” de William Shakespeare), nos pinta una sociedad libre y saludable, sin guerras ni pobreza, como si fueran conquistas alcanzadas gracias a la supresión de la familia, la religión, el arte, la literatura y la Filosofía. Por cierto, Aldous Huxley, persona interesada en los temas espirituales de la parasicología y las filosofías místicas, escribió su obra en 1932, es decir veinte años antes de que Watson y Crick descubrieran la estructura del ADN, tan presente en la película reforzada en algunos momentos con fondos de palabras tomadas del esperanto. La película “Gattaca”, sin embargo nos traza una sociedad jerarquizada a base de castas, que por cierto (igual que los libros de la Metafísica de Aristóteles) se van denominando con las letras del alfabeto griego: Alfa, Beta, Gamma, Delta, Épsilon, Dseta, Eta, Zeta, Iota, Kappa, Lambda, etc. Se observa, pues, que a su artífice Andrew Niccol le encantaba el lenguaje griego. Por cierto; nada más arrancar la película, se nos ofrecen los títulos de crédito interpolando mensajes escritos, tales como: “Contempla la obra de Dios”. “¿Quién podrá enderezar lo que él torció?”. Mensajes a mi juicio nada ofensivos, tan sólo son reclamos. Ya, y de por sí, estos mensajes te sumergen sobre la indagación primera y más última de la vida. Diríamos que “Gattaca” nos sitúa en los muy interesantes postulados de la arquitectura genética; perdiéndose por los vericuetos de la tecnología biológica en la búsqueda de nuevos tratamientos con el fin de evitar o eliminar todo tipo de enfermedad no sólo las incurables, y de este modo ofrecernos un mejor vivir, “enderezando lo que Dios torció”. “Gattaca” nos sitúa en la cúspide de los actuales protocolos de investigación: las células troncales, terapias celulares para reparar tejidos. Más aún, sobre la misma aspiración platónica y el nazzismo para conseguir una descendencia inmortal y una sociedad a modo de arcadia feliz. Frente al experimento, pensamos que algo tendrá que decir la Ética humana: Supongamos que ya sabemos cómo obtener esas células madre a medida de cada paciente; supongamos que ya es nuestra esa herramienta fenomenal. La pregunta que se hace la ética es: ¿Serán seguras esas células? Supuesto su enorme potencial de proliferación, ¿cómo sabemos que no van a dar origen a otro tipo de tumores? Para finalizar la cuestión, se me ocurre que Dios creó el mundo, la Naturaleza. "¿Quién podrá enderezar lo que él torció?”. La Naturaleza es muy terca, señores míos. Dios perdona siempre. Los hombres, de vez en cuando. La Naturaleza, nunca. César R. Docampo http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2008/01/17/el-cine-al-servicio-arquitectura-genetica-45-/ 2008-01-17T11:37:43Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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