lunes, 15 de septiembre de 2014

PORQUE, EN VERDAD, EL CINE...

PORQUE, EN VERDAD, EL CINE... ...A VECES HABLA SOBRE LA FAMILIA (2ª PARTE). ======================================= Sobre la familia hay infinidad de películas mediocres. Los deficientes resultados no son debidos a la índole temática en sí misma, sino a la torpeza formal a la hora de expresar esos problemas; no a la insuficiencia de autores e intérpretes, sino a la falta de originalidad en la comprensión de los problemas humanos. La primer prueba que se puede aportar, acerca de lo que estoy diciendo, se descubrre sin duda en “Mutter” (Maternidad), de Carl Froelich. Este realizador había sido uno de los más importantes en los orígenes del cine germano. Más tarde dio -y con ello le situamos en una época más reciente- “Madchen in uniforme” (Muchachas de uniforme), con Leontine Sagan, en 1931. Después, en 1938 “Heimat” (El hogar paterno), muy próxima a este tipo de preocupaciones, pues se trata de un áspero conflicto entre padre e hija, el drama de la incomunicación entre dos generaciones y dos concepciones de vida: la que está apegada a la tradición familiar, y la que se siente insolidaria de ésta, rechazándola. “Maternidad” es, a mi entender, una de las obras más destacadas del primer realismo cinematográfico alemán. Esto pudo conseguirse porque Carl Froelich llevó a cabo las escenas en ambientes de gran interés y sugestión. Guionista y director supieron exponer y expresar con delicada y dramática plenitud, el sentimiento materno, así como la emoción afectiva y la alegría interior de los jóvenes esposos ante el hijo, al que rodean de todos los cuidados (ternura y resolución) para salvarle del peligro que lo amenaza. Y, así, “Maternidad” recoge esos acentos humanos de honda vibración. Más tarde,en 1927, se nos ofrece un tema de inspiración cercana en “The crowd” (La Multitud), de King Vidor. La menciono para subrayar la justa parte de verdad cuando se hace hincapié en la dificultad de conseguir películas meritorias basadas únicamente en el hecho de saber valorar y acertar a encarecer los buenos sentimientos. “La multitud”, nos ofrece el lamentable trasunto de una joven pareja americana que se esfuerza en vano por liberarse de la vida gregaria y árida que les acosa. Pero la realidad aplasta duramente su ilusión inicial. Sufren y se desesperan. Cuando el hijo desaparece, en presencia del padre, a consecuencia de un estúpido accidente, a los pasdres no les queda más que su amor, del cual felizmente puede nacer una nueva esperanza. En “The crowd” (La Multitud), King Vidor nos ofrece un cuadro que expresa la inhumna organización del trabajo, la promiscuidad y la crueldad contra las clases humildes americanas. Y, al mismo tiempo nos muestra, como contraste, la ternura y la esperanza de una familia que acierta a sobreponerse contra el dolor cuando pierde a su joven vástago. En el relato de la joven esposa que, después de discutir con su marido, descubre que está encinta, hay escenas exageradas, incluso grandilocuentes. Falla el sentido exacto de la medida y ese tono de verosimilitud necesario. . . . Cuando yo tenía diez y once años, y estudiaba en el Instituto de Orense (él único que había), me aburría en las clases. Y éramos siempre dos o tres los que nos escapábamos en horario lectivo al cine Xesteira. Por un real (25 céntimos), después de fugarnos, nos sumergíamos en películas (todas en versión original, alemán, francés o inglés), películas que siempre concluían con algún suicidio. ¡Curioso, en plena Segunda Guerra Mundial! Películas donde con nuestros ojos sólo apreciábamos gentes desesperadas, muertes y entierros. Todavía recuerdo una de aquellas que arrancaba con los planos de un entierro; un hombre, un chico y una muchachita conduciendo el ataúd de la esposa y madre al cementerio del pueblo. La acción nos situaba después ante la desesperada alternativa del chico huérfano, cuando el padre vuelve a contraer matrimonio y el muchacho acababa suicidándose. Años después, cuando me entregué a estudiar la historia del cine, volví a ver esa película en la cinemateca de Madrid, por ello la recuerdo bien. Volvieron a aflorar los mismos sentimientos que en su día había despertado en mí (hijo de matrimonio “divorciado”); me estoy refiriendo a la película “Visages dénfante” (Rostros infantiles), de Jacques Feyler. Y hasta llegué a sentirme partícipe de sus ideas, de sus vacilaciones y dudas. Porque el argumento de “Rostros infantiles” trataba de hacer patente el amor filial, pero vertido más hacia la madre que hacia el padre. Toda la acción dramática, apoyada en tres individualidades, padre, madre e hijo, se teñía de una tristeza patética. No quiero acabar esta disertación, sin recordar a ese director de cine escandinavo, Carl-Theodor Dreyer, autor de películas como “La pasión de Juana de Arco”, “La extraña aventura”, “Tu vampiro”, y sobre todo “Ordet” (La Palabra). Dreyer dirigió además “Du Skall ara din Hustru” (El dueño de la casa), verdadera y sonriente aunque dramática naración, ofreciéndonos todos los pormenores de una cotidiana tensión familiar que los hijos contribuyen a disolver. Se trata de un matrimonio en apariencia mal avenido. El marido se muestra egoísta con su mujer; usa de minuciosa severidad con sus dos hijos, una jovencita y un muchacho. La madre es buena y dulce hasta el sacrificio inútil. Pero, con la complicidad de los hijos, la vieja nodriza, llena de buen sentido y astucia, convence a la madre de que se aleje de la casa, so pretexto de una salud precaria. Ayudada por los dos cómplices, emprende la tarea de hacer oir la voz de la razón y del amor familiar al amo de la casa. Rápidamente la familia vuelve a rehacerse, animada de ternura. La autenticidad de los tipos, la matizada observación, así como un ligero humor tan conmovedor como risueño, confieren a esta película (“El dueño de la casa”) ese auténtico valor que no podrá ser desmentido después de los años. Podríamos seguir con infinidad de muestras. De todas ellas podríamos deducir... En primer lugar, que, de las situaciones dramáticas básicas (lo trágicos griegos las cifraban en treinta y seis, y siguen siendo las mismas desde hace casi tres milenios), el cine no ha descuidado las que pueden nacer al calor de la familia, del amor, o como consecuencia del conflicto entre generaciones. En segundo lugar, es curioso observar que todas esas películas, siendo ficción, al mismo tiempo son documentales donde los mejores intérpretes son el hombre primitivo, los niños y los animales, los que evocan de manera más natural y profunda a nuestros ojos, espíritu y corazón, el ideal de familia. Y en tecer lugar..., que el tema de la relaciones filiales ha sido elevado a la altura que se merece. Con todo, desgraciadamente, los asuntos que gravitan en torno a la familia, sus penas, alegrías y tristezas, han tentado muy poco en lo que cabe a los directores de cine. . . . NOTA: Por cierto; Aquel compañero del instituto de Orense que se escapaba conmigo al cine Xesteira, y que vivía muy cerca de nuestra finca en la carretera de La Granja, se llama pues vive, Saturnino Núñez, y es el padre de Alberto Núñez Feijóo, actual Presidente de Galicia. Cuando su hijo accedió al cargo, le llamé y hablamos largo y tendido, y me dijo: ¿Te acuerdas de aquellos compañeros del Instituto? El 95% ya se han muerto. . . . César R. Docampo http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2009/06/09/porque-verdad-cine-/ 2009-06-09T15:21:56Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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