lunes, 15 de septiembre de 2014

NADIE ES MÁS QUE NADIE (88) NO HAY ESCÉPTICOS NI VISIONARIOS. LO QUE HAY SOMOS GENTES O PERSONAS EN LAS "URDIMBRES" DE NUESTRA PROPIA VIDA. . . . Mi estimable y estimado CAMPERO: He demorado el hacerme eco de tu último escrito por varios motivos: En primer lugar, por respeto; deseaba que permaneciese ahí, presente y al alcance de todos, por tratarse de una pieza modélica, y no sólo en cuanto a fondo-contenido, es que también por su exquisita textura morfológica (gramatical y prosódica). Cuando tu pensar se repliega sobre sí mismo (“Qué hay después del después”. “Quién hizo al que hizo esto”. “Quién vigila al vigilante”). Y hablas de vacío, oquedad, espiral sin fin, impotencia, etc., estás blandiendo el contenido de un pensar, de una reflexión que siempre ha inquietado, inquieta y seguirá inquietando al hombre. No es un divagar así porque sí; tampoco es simple análisis; ni mucho menos una actividad dislocada o morbosa -alguien pudiera pensarlo-, especie de piromanía, como si a individuos atrasados o desequilibrados nos diera por prender fuego a una aldea o a un caserío. Me has descrito, has pintado esa especie de fatalidad inquisitiva -pienso yo- que (antes o después) a todos nos acucia, recubierta a veces de misterio y sufrimiento. Eterna idea acerca de nosotros mismos que yace dormida, pero también se pronuncia sin que nos demos cuenta. El caso es que, en el transcurso de nuestras vidas, más pronto o más tarde, brilla o fosforece (“apófansis” le llamaban los griegos), cada vez con más persistencia, en los acantilados de nuestra soledad: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A qué hemos venido o qué pintamos aquí? ¿Qué nos espera en el Más Allá? ¿Por qué todo eso que decimos “ser nuestro” (nuestro ajuar y demás propiedades) tenemos que dejarlo acá al augur de unos herederos más o menos desagradecidos, sin nosotros podérnoslo llevar? . . . Cuando los hombres se encuentran a solas sufriendo algo inaguantable, (yo recuerdo desde que era niño), los he visto siempre lamentándose. Muchísimas veces, llorando, decían en "galego": “¡Ay, miña nai! ¡Ay, mamaíña!”. Con la significación de que el hombre, “desde dentro”, se agarra a la infinitud, a Ese Otro que le trajo al mundo (como fuere) y le supera. Porque este mundo creado siempre habla "con" e interpelase a su Creador. ¿Acaso no demuestra esto que “Dios” no está cerca, sino dentro del hombre? . . . Sí, amigo CAMPERO; aludo a la Naturaleza. “Natura naturans más natura naturata, Deus sive natura”, decía Baruk Spinoza, aquel pulidor de lentes, rabino de la sinagoga de Amsterdam, nieto de un tal Benito Espinosa, un judío natural de Burgos, expulsado por nuestros Reyes Católicos, y que escapó a Portugal donde un hijo suyo pasa a llamarse Benzo Spinosa, quien emigra después a Holanda y allí nace su hijo que es llamado Baruk Spinoza. Benito, Benzo y Baruk son lo mismo, en tres lenguas distintas. Y lo que viene a decirnos Baruk es que: “La Naturaleza naturalizante (los “atributos” de la Naturaleza o Realidad), más la Naturaleza naturalizada (los “modos” de esa misma Naturaleza o Realidad), coexisten sumándose (una en la otra, "los modos, en los atributos", "cuasi vestes Dei"=como si fuesen vestidos de la divinidad, escribe Spinoza). Y la suma de esas dos naturalezas (Naturans=naturalizante, más Naturata=naturalizada) dan o conforman a Dios. "Deus sive Natura= Dios o NATURALEZA. A esto se le llama panteísmo de tipo “inmanentista”. Todo es Dios, porque todo está en Dios. En oposición al panteísmo “emanatista” de Plotino quien afirmaba que todo es Dios porque todo proviene (por emanación) de Dios. . . . ¿Pero, cómo (en Occidente) llegó nuestra razón a ese Dios? Veámoslo en una pequeña síntesis (casi imposible): Si al principio de los tiempos, nace ese pensamiento negativo que transcurre desde el vacío hasta llegar a los mitos, fue en las escuelas de Mileto y Elea donde surgió el asombro, la admiración y el estudio por la “Naturaleza”. Los primeros “fisicistas" o presocráticos se interrogaban dialogando con la Fisis “cósmica”. Doscientos años después, fueron los Sofistas quienes indagaron sobre la Fisis “humana” o Sobrenaturaleza (el “nomos”, la ley y las costumbres), constituyéndose en la primera Ilustración Griega. En el primer momento, los hombres debían vivir y comportarse “kata fisin” (conforme a la Naturaleza). En el segundo momento, el hombre ha de vivir “kata nomon” (conforme a las costumbres y la ley). Reflexión ésta que se asienta en Atenas. Ya no interesaba conocer el “macrocosmos” (Mundo), sino el “microcosmos” que es el hombre. A esto le siguió una tercera deriva en la reflexión: Ya no interesaba saber qué era el hombre, sino “como hacerle feliz” (Período ético que buscaba la Felicidad): A esa tarea se entregaron los cínicos, el epicureísmo, estoicismo, escepticismo y eclécticos. Pero, al final, se dieron cuenta de que la FELICIDAD no se encuentra aquí, de tejas abajo. Había que buscarla en otra dimensión. En un punto más allá del cosmos conocido, en un Ente, que no tuviera ni cantidad ni cualidad; que no fuera ni algo en reposo ni algo en movimiento; que no fuera un ser, sino un “Super-ser” (Neopitagorismo y Neoplatonismo). A partir de aquí, históricamente, se da el encuentro entre la Razón y la Fe o Revelación; los Santos Padres establecieron las ideas-madre del Cristianismo, incorporadas en los dogmas: dogmas cuya intangibilidad se estableció el año 320 d.C. en el Concilio de Nicea. Es ahí donde hay que situar el nacimiento del Cristianismo. En Occidente y Oriente próximo comenzaba un giro impresionante de 180º. Pasando de una Filosofía que tan sólo hablaba a los hombres de un Destino para que nos sometiéramos a él (por lo que la Filosofía Griega resultaba ser una Filosofía de la Necesidad), pasando -digo- a una Religión que nos habla de un Destino, no para que nos sometamos a él, sino para que lo realicemos. Luego el Cristianismo -se dice- es una religión de la Libertad. Es la primera declaración universal de los derechos humanos, tema éste que ya habían iniciado los estoicos con Posidonio, Séneca, Marco Aurelio, etc. No es éste ni el momento ni el lugar para extendernos sobre el tema. A muchos hombres seguro que les interesan más los temas de la siembra, la crisis económica, la caza; disfrutar de esta corta vida y pasarlo bien. Sobre el “después” y lo que venga después, Dios dirá. “De eso háblanos otro día”, le decían los atenienses a San Pablo. . . . “Mi razón -dices, amigo Campero- no me lleva más allá de lo que alcanzo a exponerte. Pudiera llegar a la conclusión de que cada uno, cada individuo, habita en un mundo virtual, configurado como un escenario plurimorfo… interrelacionando paisajes, historias y conductas…”. Totalmente de acuerdo, amigo CAMPERO. Pero permíteme decir algo más. Y así me atrevo a afirmar que el hombre vive en sus ensoñaciones, apartado de la realidad, distraído del mundo real del que sólo conserva una vaga conciencia, igual que Perrette, la heroína de La Fontaine, que construía castillos en el aire, encontrándose muy a menudo desengañada cuando volvía a tomar contacto con la realidad. Después vienen lo psicólogos y psiquiatras y nos dirán que la ensoñación es propia de la pubertad (una forma de anticipación sobre las realidades futuras), y de los esquizoides (personas muy propensas a la ensoñación), como si la monotonía de una tarea o de una excitación o la falta de estímulos del medio ambiente, favoreciesen el desarrollo de las ensoñaciones. Los entendidos creen que la ensoñación es una manera o mecanismo de defensa del yo frente al tedio y las frustraciones de la vida cotidiana. ¿Sí? Sí y no, dijeron mentes muy importantes, desde Hipócrates hasta S. Freud y Pavlov, o más todavía el fisiólogo canadiense Hans Selye. También pudiera ser que acaso estemos en un mundo desprovisto de sentido. Ese que pintó Goya allá por el año de 1800, en un cuadro que lleva por título “El manicomio”, y que puede verse en la Academia de San Fernando, en Madrid. Un mundo absurdo del que nos habla Albert Camus en su “Le Mythe de Sisyphe” (“El mito de Sísifo”) donde aborda temas como el absurdo y el suicidio, el absurdo y la razón lúcida al constatar sus propios límites. . . . Dentro de unos pocos días, acudiremos todos al cementerio entre cuyos muros se eterniza una VERDAD. Sobre el mármol de todos los nichos se podría escribir. “Aquí yace un iluso”. Porque NADIE ES MÁS QUE NADIE, y en los cementerios sigue habiendo asimetría y ostentación: unos bajo tierra, en nichos la mayoría, y bastantes en panteones, prolongación de una aristocracia pamplinosa. Tanto unos como otros, todos en soledad. En soledad los “restos”. Porque el ser que habitó dentro de esos “restos”, hoy habita en otro lugar, en el seno de Abraham, dicen. En Dios. A quien no le guste la palabra Dios, puede llamarle “H”. Da lo mismo. “¿Qué hay después del después?”, afirmas tú, amigo CAMPERO. Y yo, con tu permiso, me atrevo a responder: El encuentro con la Verdad. Porque: NADIE ES MÁS QUE NADIE Enhorabuena, querido CAMPERO. Y haznos el favor de seguir asomándote en estos foros con esa “pesquis” que sabe hablar de la otra vida sin sustraerse a la grandeza de ésta. En tus escritos se observa muy bien que para ti lo primariamente divino es lo humano. Por entre desfiladeros de águilas y los barbechos del olvido (que son palabras que no son mías; son de Miguel Hernández) Con mi saludo más cordial. César R. Docampo http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2008/10/24/nadie-es-mas-nadie-88-/ 2008-10-24T13:01:49Z César latabernadelosmares@yahoo.es

No hay comentarios:

Publicar un comentario