domingo, 14 de septiembre de 2014

Los escándalos de la ciencia (4)
LA TABERNA DE LOS MARES (4)
Los escándalos de la Ciencia
La ciencia surge en el Renacimiento a consecuencia de que el Nominalismo barre aquel mundo abstracto de las ideas platónicas y proyecta nuestra reflexión sobre lo concreto, hacia un conocimiento factual exhaustivo. La cuna de la ciencia está en Oxford, en aquella escuela sobre la metafísica de la Luz con personajes como Roberto Gosseteste, su discípulo Rogerio Bacon y su obra cumbre “Opus Maius” donde se plantean las tres grandes prerrogativas de la ciencia experimental. Conviene no olvidar el rol desempeñado por España a través de la Escuela de Traductores de Toledo.
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Desde el día en que nacemos, se nos enseña que debemos tener una percepción común del mundo. Lo que una persona percibe como un árbol, una flor, un río, otra distinta debe percibirlo como árbol, flor o río. Y eso es la consecuencia directa de nuestras creencias comunes.
Por otra parte, el cibernético Heinz von Foesrster afirma que el espíritu humano no percibe lo que “está ahí”, sino lo que “cree que está ahí”. Nuestra facultad de ver depende de la retina que absorbe la luz del mundo exterior y transmite después señales al cerebro. Por lo demás, ese mismo esquema se aplica a todas nuestras percepciones sensoriales. Sin embargo, la retina no percibe el color. La retina es ciega a la calidad del estímulo y sólo es sensible a su cantidad. Esto, por supuesto, no debería constituir ninguna sorpresa, porque en realidad no hay ni hay color “en sí”. Sólo hay ondas electromagnéticas.
Del mismo modo, tampoco hay sonidos ni música. Hay tan sólo variaciones momentáneas de la presión del aire en nuestros tímpanos. No hay calor ni frío; tan sólo moléculas en movimiento con más o menos energía cinética. Y así sucesivamente.
Resumiendo: No nacemos formando parte del mundo. Nacemos formando parte de algo que construimos en el interior del mundo. Es decir; cada uno de nosotros habita en una especie de “esfera de conciencia” que interfiere a la vez con lo real desconocido y con otras esferas de conciencia. Una vez más, la concepción de una realidad objetiva se evapora. Luego…, preguntarse por la realidad que nos rodea sin tener en cuenta a los que la observan, no tiene ningún sentido.
En resumidas cuentas, mi propia esfera de conciencia nada me informa de la realidad misma. Mi conocimiento del mundo se reduce a las ideas que me hago de él. En cuanto a lo real que se sitúa más allá de mis sentidos, permanece oscuro, velado, misterioso y, seguramente, incognoscible. Y todo porque entre el “concepto” y el “ser” hay un “hiatus”, una hendidura infranqueable. Con otras palabras; la distancia entre nuestra mente y la realidad es casi infinita.
¿Es posible, entonces, el conocimiento? ¿Es posible la Ciencia? Seguiremos ahondando en los fundamentos del pensar.
¿Qué les parece?
Saludos de César R. Docampo























http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2007/08/22/los-escandalos-la-ciencia/ 2007-08-22T20:29:46Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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