domingo, 14 de septiembre de 2014

Dios, ¿dónde estás? (2)
Respondiendo a D. Salvador García Bardón, un estepeño catedrático en Lovaina.
Gracias, amigo Salvador, por tu salutación al irrumpir yo en ese “mundillo virtual bloguero”. Buena cancha para hacer footing mental abstracto, sobre la base de lo que tú llamas “practicar una escritura interactiva”. Totalmente de acuerdo. No cabe duda de que la interacción deviene en enriquecimiento. Enriquecimiento en los procesos de nuestro pensar. Mientras los griegos distinguían entre “nóesis” (el pensar en sí, en cuanto actividad psíquica) y “nóema” (el contenido sustentado e inherente a la “nóesis”), vienes tú y me dices: “Yo no sé dónde está Dios…, pero si sé dónde no está”, y lo acreditas con ejemplos palmarios. ¡Fantástico! Totalmente de acuerdo.
Yo, además, al margen de todo aquel elenco de argumentaciones que estudiamos en Teodicea, a veces apelo a los firmamentos del orden moral; y, como si me encontrase en la oscuridad de un sótano, recurro y me auxilio de un tragaluz que me ofrece la misma Naturaleza, que no es otra cosa más que la realización objetiva de la Ley Eterna. Pues, penetrando en la verdad objetiva de la Naturaleza y de sus inclinaciones, en que ella se revela, la inteligencia humana llega a posesionarse de la ordenación de todos los seres a su último fin y, por consiguiente, de la Ley Eterna de Dios, que la causa e inscribe en las cosas. Esta Ley Eterna, como tú bien sabes mejor que yo, es la Ley en la mente divina (Y si a alguno no le gusta esta palabra, que la llama “H”, por ejemplo), ley que penetra en la inteligencia humana y causa y se formula en sus juicios prácticos o dictámenes de la ley natural -como promulgación suya- a través de la naturaleza o inclinaciones de los seres en las cuales la encuentra como se encuentra a la causa en el efecto. Luego aprehendiendo la verdad de los seres naturales, la inteligencia aprehende o capta a la vez la Ley divina inscripta en aquella verdad.
Y no htu tia: El testimonio unánime de todos los pueblos de todos los tiempos, con sus escritos, sus costumbres y sus monumentos históricos, afirman categóricamente la existencia de una Ley Natural, que manda obrar el bien y prohibe hacer el mal, y que, además, esa ley viene de Dios como “participación”, por ende, de una Ley Divina. En todos los pueblos existió y existe la convicción de la remuneración o del castigo por parte de la divinidad. Así lo constatan esos sacrificios para aplacar a los dioses por los pecados cometidos contra su ley y así obtener el perdón de la divinidad; o el acudir y refugiarse en la justicia divina ante las injusticias humanas.
Resumiendo: si hay una Ley eterna y divina que gobierna el mundo y a los hombres, y no me quiero referir tan sólo a las argumentaciones de una mente cristiana impregnada de sabiduría académica, es que debe de haber, tiene que existir un Legislador. Le podemos llamar “H” o Zeus (que por cierto no era omnipotente), o Alá, Odín, como queramos. Yo le llamo Dios.
Y como prueba de la verdad sobre lo que estoy diciendo, basta con que leamos la “Antífona” o el “Edipo Rey” de Sófocles; así como el “Gorgias”, “Filebo”, “Critón” así como varios pasajes de las “Leyes”, de Platón.
Antes de despedirme, querido Salvador, tengo una duda y me gustaría tu respuesta. Entre las personas que figuran como amigos tuyos, veo un nombre: Rafael Rodríguez Talavera. ¿Es acaso hijo de un antiguo Secretario del ayuntamiento de Lora de Estepa? Es que (y de esto ta hablaré en otra ocasión), fui el primer director del Instituto de Bachillerato de Estepa, y conocí a Ángel Rodríguez Talavera. Te hablaré de Estepa, que por cierto fue visitada por Cervantes un día de lluvias y frío cuando por allí se acercó el autor del Quijote a cobrar los impuestos.
Mientras, mi cordial saludo.
César R. Docampo





















http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2007/08/22/dios-donde-estas-2-/ 2007-08-22T08:43:52Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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