domingo, 14 de septiembre de 2014

LAS COSAS EN SU SITIO (42) Si nos acercamos a la habitaciones del Secretariado Cardenalicio -el Ministerio de asuntos exteriores del Vaticano-, en el piso superior del Vaticano, nos da la impresión de entrar en una logia. El lado izquierdo está cubierto de cristal y proporciona una vista panorámica de Roma, la “ciudad eterna”. Las paredes de la derecha están pintadas. Un gran mapa del mundo las recubre. Tiene de cuatro a seis metros de altura, mostrando, en dos grandes círculos, la totalidad de la tierra. (Contra este inmenso gigante arremeten Pepiño, Chaves y Zapatero; también los católicos Bono y Moratinos, no así Teresa Fdz. de la Vega) En el Secretariado Cardenalicio hay otros muchos mapas más pequeños, que representan todas las partes del mundo. Se trata, sin duda, de un símbolo. El Vaticano intenta ser “global”, pretende ser universal. No es únicamente fruto de la universalidad cristiana, sino también de la herencia recibida del imperialismo romano, que unió el refinamiento político con un horizonte mundial. Estamos ante la sociedad perfecta más antigua de la Historia, dos mil años la contemplan Una política se comprende desde los propios fines que se traza. Los fines que se adjudica la política vaticana son fácilmente comprensibles. Se encaminen a hacer cristiano al mundo entero, siguiendo con ello el encargo o ministerio que Jesucristo le dejó. ¿Cómo conseguirlo? Impregnando a la sociedad, a todas y cada una de sus partes, con el estilo y los criterios que le son propios en cuanto sociedad perfecta de orden espiritual. Y si el poder civil se les pone chungo o se atraviesa en el camino, algo habrá que hacer. Eso fue lo que hicieron el domingo pasado en la plaza de Colón. Zapatero, Manuel Chaves, Pepiño y algunos más se enfurecieron, muy intolerantes, esos nuevos predicadores de la democracia y la tolerancia. La cúpula socialista, muy cabreada, exige a los obispos una rectificación. “Las cosas en su sitio” expuso Zapatero, afirmando que eran los obispos los que se apartaban de los fundamentos esenciales de la democracia. Añadiendo: “En la Constitución cabe todo el mundo, profese una religión o no”. Y don Manuel Chaves, con el rostro duro y tono altisonante, casi militar, nos dijo: “Las familias cristianas españolas no tienen un concepto de familia tan integrista, arcaico y ultraconservador como los obispos”. Acudiendo a criterios de dudosa autoridad extrínseca, confesó: “ Es lo que sostienen escritores como Fernando Savater, Álvaro Pombo o Enrique Miret Magdalena”. Don José Bono y el ministro Moratinos, después de confesarse católicos, añadieron más leña al fuego. Entre el coche oficial, un buen sueldo más el lujazo de ser alguien ante un micrófono y una cámara-TV, sumado todo lo cual a la partida de bautismo, no caben ni escrúpulos ni dudas: Vale más pájaro en mano que ciento volando. Gaspar Llamazares, ilustre traumatólogo “made” en La Habana, habló así dicendo: “Cría obispos y te sacarán los ojos”. Cualquier comentario resultaría superfluo. Todo un retablo de personajes que, con alzacuello e impostando la voz, no condenan a los obispos, se condenan a sí mismos y a sus propios modos de actuar. Su gran virtud es la “Intolerancia” y la usurpación de maneras y estilos impropios de una democracia. No sé si el PSOE o Zapatero saben que si, entre su gobierno y la Iglesia, fracasara una política de entendimiento, habría que volver a la vieja política dura, ¿lo recuerdan? En cuyo caso, de todas-todas, perdería el PSOE y el Gobierno. No sé si Pepiño recuerda que su honorable partido socialista tiene de vida no más de cien años. La Iglesia y el Cristianismo, dos mil años. Quiero decir que también en esto se equivoca el PSOE, pues ignora que la Iglesia católica, a lo mejor no influye en todos los católicos (es el caso de Bono y Moratinos), pero influye y es eficaz más allá del área de la iglesia católica. Cuando la iglesia católica, con los obispos y cardenales al frente se lanza a defender entidades como es la familia, el respeto por la vida en cada momento y siempre (para que el vientre de una mujer nunca se convierta en cadalso o en silla eléctrica). Cuando los obispos y cardenales -digo- se pronuncian a favor de un estilo de educación más acorde con las fuentes naturales emblematizadas sobre los valores nobles y humanos como es la honestidad y la justicia, entonces, señores míos, el coraje de los obispos y cardenales debiera tomarse más en serio. . . . Cuando la Iglesia católica tuvo en frente al comunismo caracterizado por su enemistad hacia la religión, Pío XII lanzó una cruzada contra él. Una cruzada por aquel entonces bien podría ser una guerra atómica. Recuerdo que se lo dijeron a Stalin, y éste preguntó: ¿Cuántas divisiones tiene el Papa? Le respondieron que ninguna y Stalin soltó una carcajada. Stalin se murió diez años después, y con el comunismo soviético acabó un exmilitar y actor de cine, un cowboy, Ronald Reagan, sacándose de la chistera la guerra de las Galaxias. . . . Los socialistas de nuevo cuño, donde todavía hay personas muy capaces y bien capacitadas, no debieran claudicar de un programa auténticamente socialista, y dejarse de coexistencias de mercadería. Su labor y arte parecen descansar en la anulación de cualquier antítesis o diferencia ontológica entre su “make up” (maquillaje) y el “mobile”. En el PSOE yo no veo más que autobombo y propaganda, un torente de anuncios publicitarios. Cuando hablan Zapatero, Pepiño o Teresa Fernández de la Vega, me recuerdan el arte de Toulouse-Lautrec en aquellos carteles que hizo para Arístide Bruant, y también la literatura de Karl Kraus en su artículo “El mundo de los anuncios”. No debiéramos consentir que todo un presidente de gobierno se nos convierta en una litografía similar a la de aquellas señoritas del Moulin Rouge. Esa ingente publicidad del PSOE, que nos cuesta casi un millón de euros al día, no es más que propaganda rapsódica al estilo de aquellas, en épocas de nuestras abuelas, que se iniciaban con exhortaciones tales como: “Cocina con gas”, “Lava con aire”, “Báñate en casa”, etc. Y que terminaban con la recomendación “Suicídate”. Lo veremos dentro de mes y pico. Veremos a un Zapatero asesorado por sus técnicos de marketing político. Ideas manidas. Frases muy pobres, sin contenido. Frases bonitas, hablando a los abismos, mirando a las paredes para examinar el eco. Juegos de colores, convirtiendo en idea el carácter sensible de la apariencia. Frases reducidas a simples expresiones sin repliegues. Sólo expresiones. Copiadas del arte expresionista que hunde sus raíces en el romanticismo, así como en la estética y metafísica hegelianas. Metafísica culpable y bisabuela de los fascismos, nacionalsocialismos y marxismo soviético. Lo dijo muy bien don José Luis Rodríguez Zapatero: Cada cosa en su sitio. César R.Docampo http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2008/01/03/las-cosas-su-sitio-42-/ 2008-01-03T21:17:39Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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