martes, 23 de septiembre de 2014

LA SOSEGADA VOZ DE LA RAZÓN...


LA SOSEGADA VOZ DE LA RAZÓN...
...DESPUÉS DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER. ================================= Si ustedes han comprado El País de hoy (domingo, 11 de Marzo-2012), no dejen de leer... 1º.- En la página 6: “Elba Esther Gordillo, Presidenta del sindicato de maestros mexicanos”. 2º.- En las páginas 6 y 7 del suplemento “Domingo”: “AURORA BOREALIS. La testosterona de sus banqueros y sus bravuconadas económicas hicieron caer a Islandia. Ahora ha resurgido de sus cenizas. ¿Cómo? Porque las mujeres se han hecho cargo de la isla y han puesto en valor un concepto: sostenibilidad”. http://eukleria.wordpress.com/ 3º.- En este mismo suplemento, página 14, pueden leer: “Vida oculta de M.”. Una barcelonesa, bajo el pseudónimo de Marta Elisa de León, relata su terrible experiencia de 10 años de prostituta. Una existencia llena de secretos y mentiras, que equivale a no existir para la sociedad”. En su obra “Las ocultas. Una experiencia de la prostitución”, de Marta Elisa León. Publicada por Turner Noema. Precio: 19,90 euros. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/03/09/actualidad/1331322782_170704.html 4º.- En el mismo suplemento, página 15, tienen: “El hombre que gritó puta”, un artículo de Elvira Lindo. ... ... ... “Hay un principio bueno que ha creado el orden, la luz y al hombre; y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y a la mujer”. Escribía Pitágoras. “Todo cuanto ha sido escrito por los hombres acerca de las mujeres debe considerarse sospechoso, pues ellos son juez y parte”. Dijo una vez u tal Poulain de la Barre. Escribe Laforgue: “Oh, jóvenes, ¿cuándo seréis nuestras hermanas, nuestras hermanas íntimas, sin reservas mentales? ¿Cuándo nos daremos el verdadero apretón de manos?”. “Cuando sea destruida la infinita servidumbre de la mujer, cuando viva ella y para ella, una vez que el hombre -hasta ahora abominable- le haya devuelto su libertad.” Le contesta Rimbaud, en su “Carta a P. Demey”, 15 de Mayo de 1872. Sobre las mujeres se han dicho auténticas burradas, salvajadas y demás epítetos. Por ejemplo: Jenofonte: “La mujer y su esposo son profundamente extraños el uno al otro. ¿Hay gente con la cual te entretengas menos que con tu mujer?”. Arquíloco, en el siglo VII antes de Cristo, escribía mordientes epigramas contra las mujeres. Por ejemplo: Este: “Las mujeres son el mayor mal que Dios ha creado; aunque a veces parezcan útiles, muy pronto se vuelven una carga para sus amos”. Y este otro: “Sólo hay dos días en la vida en los que vuestra mujer os regocija: el día de la boda y el día del entierro”. “Hay muchos monstruos en la tierra y en el mar, pero el mayor de todos sigue siendo la mujer -escribe Menandro, y añade-: “La mujer es un dolor que no nos deja”. La historia de la mujer en Oriente, en la India y en China, ha sido la de una larga e inmutable esclavitud. Los pueblos árabes, guerreros y conquistadores, siempre han manifestado el desprecio más absoluto por la mujer. El Judaísmo (en cuanto principal rio afluente del Cristianismo), el Pitagorismo y Neopitagorismo, Platón, las “Enéades” de Plotino, el Islamismo y, más tarde, el Socialismo Materialista de Federico Engels, son los responsables. En síntesis, todos ellos vienen a decirnos que, biológicamente, hay dos rasgos esenciales que caracterizan a la mujer: Su aprehensión del mundo es menos amplia que la del hombre. La mujer está sujeta más estrechamente a la especie. … … ... Y pienso yo que... Las orientaciones equivocadas, las falsas apreciaciones; la no conjunción de todos los factores intervinientes, y sobre todo una ruptura arbitraria con la Ética Humana más elemental, es algo tan serio que ha de ser corregido a toda costa para que la mujer (el Ser más perfecto de la Creación) nos enamore, se ponga a nuestro lado sumando su gran valer, asumiendo su rol de pequeña diosa, y nos dé fuerza, VIDA y FELICIDAD. ¿Por qué todavía hay tantas y tantas mujeres que no se encuentran donde debieran estar? Los documentos más antiguos de la prehistoria, al hombre nos lo ofrecen siempre armado. En aquellos tiempos en que era necesario blandir pesadas mazas y mantener a raya a las bestias salvajes, la debilidad física de la mujer constituía una inferioridad flagrante. Más tarde, con la aparición de la técnica y el manejo de un gran número de máquinas modernas, que ya no exigen sino una parte de los recursos viriles, la mujer se convierte en la igual del hombre en el trabajo, puesto que, hoy en día, se pueden ordenar inmensos despliegues de energía con sólo presionar un botón. Así tenemos mujeres que conducen taxis y autobuses, mujeres que trabajan en las minas, mujeres astronautas, mujeres que pilotan aviones de combate, etc. y lo hacen igual o mejor que el hombre. Mujeres cirujanas, magistradas, violinistas, pianistas, militares, toreras, o Presidentas de Gobierno. En cuanto a las servidumbres de la maternidad, esta carga maternal es ligera y puede compensarse en el dominio del trabajo. Entonces ¿qué es lo que ha acontecido? Federico Engels, en su obra “El Origen de la Familia”, traza bastante bien la historia de la mujer. Historia que, según él, depende de la historia de la técnica: En tanto que el hombre caza y pesca -expone Engels- la mujer permanecía en el hogar, en las tareas domésticas abarcando un trabajo productivo: fabricación de alfarería, tejidos, etc. Por lo cual la mujer desempeñaba un gran papel en la vida económica. Con la aparición del arado, la agricultura extiende su dominio y esto exige un trabajo intensivo para desmontar los bosques y hacer fructificar los campos. El hombre, entonces, recurre al servicio de otros hombres, a quienes reduce a la esclavitud. Aparece la propiedad privada: Y, dueño de los esclavos y de la tierra, el hombre se convierte también en propietario de la mujer. Ésa fue la gran derrota histórica del sexo femenino. Las mismas causas que habían asegurado a la mujer su autoridad en la casa (con su confinamiento en los trabajos caseros), aseguraban ahora la preponderancia del hombre. El trabajo casero de la mujer desaparecía al lado del trabajo productivo del hombre. El trabajo del hombre era todo; y el trabajo de la mujer, un anexo insignificante. Esta transformación de dominio se hace de padres a hijos. Y así fue -explica Engels- cómo surgió la familia patriarcal, fundada sobre la propiedad privada. A partir de entonces... El hombre reina como soberano y, entre otros, se permite sus caprichos sexuales: Se hace polígamo, acostándose con esclavas y rameras. Pero esta costumbre hace posible la recípropa: la mujer se venga mediante la infidelidad. El matrimonio se completa, de forma natural, con el adulterio. Es ésta la única defensa de la mujer contra la esclavitud doméstica que se le impone: la opresión social que sufre es una consecuencia de su opresión económica. Sólo podrá restablecerse la igualdad cuando ambos sexos gocen de derechos jurídicamente iguales. Y esto ha sido posible con la gran industria moderna, que no sólo admite el trabajo de la mujer a gran escala, sino que lo exige formalmente...”. Así se explica Engels y, con él, el Materialismo Histórico. Pero, a nuestro juicio, yo pienso que Engels, sin mala fe, se equivoca escamoteando el problema porque no es posible considerar a la mujer solamente como trabajadora. Su función reproductora es tan importante como su capacidad productora, tanto en la economía social como en la vida individual. Hay épocas en las que es más útil procrear niños que arar los campos. La misma Historia nos hizo saber hasta qué punto la U.R.S.S. ha debido cambiar a menudo y radicalmente su política familiar, a la vez que se equilibraban distintamente las necesidades más inmediatas de la producción y repoblación. En cuanto a esto, permítanme que me adhiera a las valientes manifestaciones de nuestro Ministro de Justicia, Sr. Gallardón. Permitir o incentivar el aborto, mermando, no favoreciendo a la VIDA y la familia, no es liberar a la mujer, como “soñaban” sin abochornarse Bibiana Aído, Leire Pajín y demás políticos no bien documentados. Los ejemplos de Esparta y también del régimen Nazi nos demuestran que no por estar directamente fijada al Estado, la mujer pudiera ser menos oprimida por los machos. Para conocer a la mujer habría que ir más allá del materialismo histórico, que sólo ve en el hombre y en la mujer entidades económicas. Una Ética verdaderamente socialista que busque la justicia sin suprimir la libertad..., que imponga cargas a los individuos, pero sin abolir la individualidad, se encontrará muy entorpecida por los problemas que plantea la condición de mujer. Porque en el acto sexual y en la MATERNIDAD la mujer no sólo compromete tiempo y fuerzas, sino también valores esenciales. César R. Docampo
http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2012/03/11/la-sosegada-voz-razon-/ 2012-03-11T17:14:24Z
César latabernadelosmares@yahoo.es

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