lunes, 15 de septiembre de 2014

LA EXPERIENCIA DE DIOS HOY (65) A LAS PUERTAS DE LA SEMANA SANTA, me pregunto: ¿Todo esto es un cuento chino, una pantomia sin sentido, un teatro de cartón piedra semejante a los molinos de viento de la Mancha? O no. Jesús fue Dios que vino a salvarnos. ¿Hay Dios? ============================ Reflexionar sobre Dios sin antes preguntarnos por su presencia en la realidad concreta de nuestra experiencia es teológicamente arriesgado. Porque conceptos y palabras sin contenidos de experiencia son vacíos, no mueven a los hombres, no realizan historia. ¿Es hoy Dios una de esas palabras?, ¿responde a su concepto alguna experiencia humana concreta?, ¿es hoy una mera superestructura ideológica, pieza de museo de un mundo que se nos fue para siempre?, ¿experimentamos hoy las huellas -distintas sí, pero huellas- de ese “algo” que no es el mundo, la historia ni el hombre y que los hombres hemos llamado siempre Dios? La respuesta es difícil pero las preguntas son inevitables. Al menos para la fe. Porque si es verdad que experimentamos a Dios, entonces es su misma experiencia la que nos las plantea. . . . EL PROBLEMA DE LA EXPERIENCIA EN LA TEOLOGÍA ACTUAL Hoy día, y cada vez más, estamos constatando la significativa discrepancia que existe entre la “fe oficial” y la “fe fáctica” de la Iglesia. Sería demasiado simplista querer reducir únicamente este discrepancia a un adoctrinamiento defectuoso o a la respuesta personal insuficiente de los cristianos a su fe. Se trata de una incapacidad no sólo intelectual, sino existencial de integrar la comprensión oficial y “clerical” de la fe en la experiencia humana cotidiana. EL PROBLEMA Es corriente designar esta crisis como crisis de autoridad. Pero así, nos quedamos en los síntomas sin llegar a las raíces. La comprensión y estructura jerárquica de la Iglesia es imagen y actualización de una concepción jerárquica neoplatónica de la realidad total, y el fin de esta concepción tenía que traer necesariamente la crisis del ministerio jerárquico; lo cual significa que esta crisis no se puede solucionar sólo con llamadas a la obediencia o con postulados democratizantes. Se trata, en definitiva, de una orientación nueva y fundamental de la fe dentro de un mundo que se vive y experimentamos de un modo distinto. El verdadero problema es cómo encontrar desde la realidad de nuestra experiencia un nuevo acceso a un lenguaje sobre Dios humanamente realizable, comprensible y responsable. A partir de aquí se podría también fundamentar entonces de nuevo la autoridad del Papa, Cardenales y Obispos. Esta discrepancia entre doctrina y experiencia de la fe se manifiesta de un modo ejemplar en el problema de Dios. Este problema se encuentra más allá de la problemática planteada por la “desmitologización” y por las teologías radicales. La palabra Dios es hoy para muchos un vocablo vacío de contenido que no encuentra lugar alguno ni en la realidad que viven ni en el contexto de su experiencia. Todos experimentamos hoy cuando hablamos de Dios -y más aún cuando intentamos hablar de Él- que nuestras palabras parecen caer en el vacío. Esta experiencia es común a creyentes y no creyentes, aunque la interpretemos de modo diferente. No se trata de que la fe en Dios se vea atacada desde fuera por el ateísmo, la filosofía moderna o las ciencias. Se trata de algo más íntimo a nosotros mismos y a la misma Iglesia: es el ateísmo de nuestro propio corazón. Al faltarnos la experiencia de Dios, la palabra Dios corre el peligro de convertirse en una mera abstracción o en una simple estructura ideológica. De ahí que la relación fe-experiencia sea hoy una cuestión extraordinariamente urgente, donde se decide la verdadera puesta al día de la Iglesia y de la fe. La raíz de esta crisis consiste en que hoy nos encontramos ante un mundo que experimentamos de un modo cualitativamente diferente al modo como lo hemos experimentado hasta hoy. Ya no es para nosotros un mundo numinoso ni un cosmos cuyo orden divinamente sancionado hayamos de mantener. Por el contrario, es un mundo que ha sido entregado a la tarea de las ciencias naturales, socio-políticas y antropológicas, y a la de nuestra praxis histórica y transformadora. De aquí, que en este mundo que vamos realizando nos encontremos con nuestras propias huellas y no con las huellas de Dios. Además, sería deshonesto y sospechoso apelar a él en nuestra ciencia y en nuestra praxis. La consecuencia de todo ello es clara: Parece como si Dios estuviera siendo arrojado del ámbito de la experiencia humana. Próxima comunicación: SOLUCIONES César R. Docampo http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2008/02/18/la-experiencia-dios-hoy-65-/ 2008-02-18T21:17:41Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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