domingo, 14 de septiembre de 2014

FOLKLORE: Dos Mazurcas Griegas (8)
Bajo el pórtico LA TABERNA DE LOS MARES, no dice: "medéis ageómetros eisito"=nadie no geómetra entre aquí". Que era las inscripción sobre la entrada a la Academia de Platón. En el umbral de mi TABERNA DE LOS MARES, dice: Dios, Ciencia, Folklore... y Realidad.
Hoy toca Folklore. Dos Mazurcas Griegas o los mecanismos del Destino.
PRIMERA MAZURCA:
El CAOS y la NOCHE: El Destino y las Parcas.
El DESTINO es un dios ciego, hijo del Caos y de la Noche. Tiene bajo sus pies el globo terráqueo y en sus manos la urna fatal que encierra la suerte de los mortales. Sus decisiones son irrevocables y su poder alcanza a los mismos dioses. Las Parcas, hijas de Temis, son las encargadas de ejecutar sus órdenes.
Las Parcas son tres: Cloto, Laquesis y Atropos. Las tres moraban en el reino de Plutón. Las representan de ordinario bajo la figura de unas mujeres pálidas y demacradas que hilan en silencio, a la tenue luz de una lámpara.
Cloto es la más joven, tiene en sus manos una rueca en la que lleva prendidos hilos de todos los colores y de todas las calidades: de seda y oro para los hombres cuya existencia ha de ser feliz; de lana y cáñamo para todos aquellos que están destinados a ser pobres y desgraciados.
Laquesis da vueltas al huso al que se van arrollando los hilos que le presenta su hermana Cloto.
Atropos, que es la de más edad, aparece con la mirada atenta y melancólica, inspecciona su trabajo, y, valiéndose de unas tijeras muy largas, corta de improviso y cuando le place, el hilo fatal.
Jóvenes y viejos, ricos y pobres, pastores y monarcas, nadie escapa a la divinidad inexorable.
SEGUNDA MAZURCA: La Noche, el Sueño y la Muerte.
La Noche, hija del Caos, es la madre del Destino, del Sueño y de la Muerte. Los poetas antiguos la representan coronada de adormideras, envuelta en un velo negro cuajado de estrellas, y en actitud de recorrer la vasta extensión de los cielos, montada en un carro. Lo mismo que a las Furias y a las Parcas, se le inmolaban ovejas negras, y le sacrificaban también un gallo porque el canto vibrante de este animal turba la calma de las noches.
El Sueño, según afirmaban los poetas, habita en un palacio impenetrable a los rayos del Sol. Jamás ni el gallo mañanero, ni los gansos vigilantes, ni los perros, alteraron su tranquilidad. El dulce reposo tiene en él su morada habitual. El río del Olvido desliza allí blandamente sus lánguidas aguas cuyo débil murmullo invita a dormir.
En medio de este palacio se halla un lecho de ébano rodeado de negros cortinajes: en él, sobre blandas plumas, reposa el dios apacible sumido en toda clase de Sueños. A la puerta de la habitación, vigila Morfeo, ministro del Sueño, para impedir que se produzca en su proximidad el más leve ruido.
Los Sueños, hijos del Sueño, son tan numerosos como las hojas de los bosques y las arenas del mar. Unos, insignificantes o engañosos salen del infierno por una puerta de marfil; los otros, verdaderos y proféticos, salen por una puerta de asta.
Y, finalmente, La Muerte:
La Muerte, hija de la noche, moraba en el Tártaro. Grecia no le dedicó templos ni altares, y, aunque fue considerada como una diosa, no tuvo jamás en este país sacerdote alguno. El ciprés y el tejo le estaban especialmente consagrados.
Modernamente la Muerte se representa en la figura de un esqueleto envuelto en manto negro. En su mano derecha esgrime una espada o una hoz, y, con la izquierda, sostiene una clepsidra. Y (supuesto que a la muerte le sigue otra vida en el Más Allá), como símbolo de la vida futura, aparece una mariposa tendiendo su vuelo por encima de su cabeza.
Los pintores y escultores de la antigüedad, por temor a despertar ideas tristes, siempre representaron a la Muerte bajo emblemas agradables. A veces es un Amor que echa por tierra o apaga su antorcha; otras un niño que se adormece. Y, en algunas ocasiones, una rosa sobre un féretro.
Los romanos designaban a la diosa de los funerales con el nombre de Libitina, siendo la protectora de los encargados y administradores de las pompas fúnebres. En Roma tenía un templo en el cual se depositaba un denario (¿un euro actual?) por cada persona que fallecía, institución que se remonta hasta el reinado de Servio Tulio.
El nombre de Libitina ha sido algunas veces aplicado a Proserpina (1) y a Hécate (2).

(1) Proserpina era hija de Ceres y vivía retirada en Sicilia junto a las campiñas del Etna, y allí gustaba de pasar su juventud en paz e inocencia. Pero un día que se entretenía con sus compañeras cogiendo flores recien abiertas, Plutón la divisó y la raptó a pesar de sus protestas y de las amonestaciones de Minerva. Orgulloso el dios con su presa, lanzó a todo correr sus caballos negros, abrió la tierra con un golpe de su cetro y se hundió en el reino de las tinieblas… (historia larga de contar “El rapto de Proserpina”, tan común entonces como en nuestros tiempos).
(2) A Proserpina se la representa al lado de Plutón, sentada en un trono de ébano o sobre un carro arrastrado por caballos negros. En sus manos ostenta flores de narciso. Bajo el nombre de Hécate, presidía los actos de magia y los encantamientos; ejercía su poder sobre el mar y la tierra, en el Tártaro y en los cielos. Pueblos, reyes, magistrados y guerreros invocaban su nombre, solicitaban su protección, y para tenerla propicia le ofrecían corderos, perros y miel. En honor de Hécate se celebraban todos los meses en Atenas unas fiestas llamadas Hecatesias, durante las cuales los ricos de la ciudad ofrecían en las encrucijadas una comida pública, llamada comida de Hécate, destinada principalmente a los pobres de la localidad y a los viajeros indigentes.
En mi próxima colaboración quiero explicar el porqué del título genérico de mi blog LA TABERNA DE LOS MARES.
César R. Docampo





































http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2007/08/26/folklore-dos-mazurcas-griegas-8-/ 2007-08-26T12:46:34Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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