lunes, 15 de septiembre de 2014

ÉSTA Y OTRAS SEMANAS SANTAS (75)
COMENTARIO, a mi manera: Si ustedes me solicitasen definir la Semana Santa de Campillos, con una sola palabra, respondería: Pleamar. El domingo pasado a mediodía, encerrada la procesión del Resucitado, pude contemplar a las gentes que se habían vestido de gala para procesionar la Resurrección del Cristo Salvador. Desde mi balcón, podía verlas cómo se iban retirando hacia sus casas, todos y cada uno retornando a su peculiar existencia, a sus problemas y a la rutina de siempre, como si fuese un despertar a lo más prosaico, a lo de antes, lo de siempre…, después de un dulce y transitable ensueño: La escenificación de esa Semana Mayor Campillos-2008. Pero, antes, quiero referirme a los otros, pues en este mundo hay muchísima gente que no vive ni pisa las procesiones. No me refiero sólo a los que prefieren irse de turismo a la montaña o a las playas del Caribe en busca de otros paraísos. Hay quien ni eso siquiera. Se me ocurre pensar en millones de indígenas, en los bechuanos y hotentotes, y en sus vecinos los bosquimanos. Pienso en los indios de la Patagonia, en los melanesios y polinesios en Australia; en las razas errantes que aún viven en régimen de la más oscura prehistoria, sin agricultura, sin lazos familiares, con un vago instinto gregario igual que los animales, y que tienen una muy confusa noción de un Ser superior que acostumbran a concretar en alguna bestia tótem. Ninguna de las religiones reveladas (judaísmo, cristianismo e islamismo) ha llegado hasta allí. Son perezosos y vengativos. Se dedican a la rapiña y a la depredación. Seguro que en Oldoway (una región de África oriental, en las cercanías del lago Tanganika), donde no hace muchos años los paleontólogos indagaban a la búsqueda del “eslabón perdido”, el dato anatómico que permita enlazar, en ese largo camino de la evolución, a los monos primates con el hombre… ¿Por qué hasta ahí no ha llegado todavía el mensaje de ese Jesús que bajó a esta tierra para salvar al mundo entero, y van ya más de dos mil años, pero ellos siguen sin conocer a Jesús ni a María, mucho menos estos misterios de la Semana Santa, mientras todavía hay algunos curas por ahí afirmando que, fuera de la Iglesia, no hay salvación? ¿Es que Cristo no quería o no pudo ser el mismo para todos? Tanto si quiso pero no pudo, como si podía pero no quiso, ¿cómo se entienden estas lagunas en el proceso de la Redención? Si ustedes se acercan a las Pirámides (en Egipto o en Méjico), si ustedes visitan esos dos círculos perfectos de inmensas piedras que es el monumento de Stonehenge (en el condado de Wiltshire, con más de 5.000 años de antigüedad, obra de los celtas -dicen- a finales del Neolítico), un lugar de culto al Sol, como si fuese una bella catedral, un testimonio más del espíritu religioso de los seres humanos; en unos y otros lugares se aprecia y respira un ectoplasma de inmortalidad, la presencia de algo muy superior a la contingencia del hombre. ¿Dios, su Ley, la Razón Universal, el Alma del mundo, Principio y Fin de todo, nuestro Origen, ese Paraíso o Edén del cual nos echaron y a donde hemos de retornar tras la muerte…? Los bechuanos, bosquimanos, las razas más errantes, los antropoides en la región Oldoway, igual que aquellos celtas y druidas que habían erigido Stonehenge, todos ellos llevan grabado en sus conciencias la idea de un origen y un destino sobrenatural, más allá de esta corta vida; la idea de algo trascendental o mágico (llámenlo ustedes como quieran) que se traducía en sumisión a un tótem, el cual segrega órdenes y restricciones, pero les permite la antropofagia y el sacrificio de niños para calmar las iras del caimán o los chirridos del pájaro colibrí. Por eso –nos dicen- hizo falta que Dios se hiciera hombre, asumiendo nuestra lábil naturaleza para enseñarnos a corregir los desvíos de la religión natural, enseñándonos a ser hermanos. Si en tan vasto universo pagano existía ya lo mágico, manifestándose aquel Ser que, siendo autor de todo cuanto existe, había grabado en las conciencias una especie de zozobra o inquietud, un anhelo de eternidad, era preciso darle forma y objetivar esas apetencias. Así surgieron tres religiones reveladas. Tres del mismo tronco: Judaísmo, Cristianismo e Islamismo. Occidente, España, Andalucía y Campillos -digan lo que digan otras gentes- han acogido y se abrigan en los dogmas del Cristianismo. . . . En España, las Semanas Santas, bajo el velo de los tiempos, se vienen celebrando de maneras distintas según el carácter y las tradiciones de cada zona. Austeridad y silencio en Castilla; derroche de luz y color en Andalucía y Levante. Me pareció verlo especialmente el Domingo de Ramos, en la procesión de la Pollinica. El color blanco combinaba con los verdes, almagrados y escarlatas de muy buen gusto, bajo el ronzal de un cielo muy azul. En Cuenca, coexistiendo a la vez la Semana de Música Religiosa con la Semana Santa, sale la Procesión de las Turbas, donde aquellos insultos que recibió Jesús en la subida al Calvario, son sustituidos por el diálogo entre clarines y tambores. En Hellín (Albacete) 20 mil tamborileros hacen retumbar el pueblo en la noche del Jueves Santo. Pero es Calanda, esa villa de Teruel, un caso aparte. Si les apetece, pulsen y lean: http://www.ctv.es/USERS/manbar/calanda.htm Yo nunca me he vestido con túnica de nazareno. Nunca me he puesto esas alpargatas de cáñamo que llevan los costaleros. Conozco las procesiones (como vulgarmente se dice) desde la barrera. El compás y la fuerza de los tambores, la gallardía de las trompetas y el olor a cera; la Niña de los Peines, cualquier Niña de la Alfalfa que rompe a llorar en la saeta por siguirillas y nos va llevando con caricias sobre la armonía de un suelo inesperado y conocido, todo a la vez, en la cavilación, hacia el júbilo de un aplauso como punto final y olé. Ole las torrijas y la Mona de Pascua y ese encuentro con amigos o familiares que sólo nos vemos en los entierros, por Navidad o por Semana Santa una vez al año. Sé que las cofradías responsables de estos eventos y procesiones son prolongación o tienen su origen en aquellos gremios medievales que representaban a los sectores sociales y profesionales de cada ciudad. También sé que, al menos en Campillos, pertenecer a tal o cual cofradía os viene de familia. Los Mesa y los Navas, del Cristo; Los Padilla y Llamas, de Jesús; los Recio Campos y muchos Casasola, del Entierro. Es más, observo como dato peculiar y hermoso a la vez, a niños muy chiquitines con su túnica y su manto, cogidos de la mano de su padre o sueltos por el centro de la procesión, estampas éstas de verdadero encanto y que no se le escapan a José Trigos, así como otros primeros planos del reloj de la torre señalando en la procesión de la Pollinica las horas del comienzo y finalización, o resaltando el detalle prodigioso de un bordado, una esquina, una cara, una puerta o un balcón, que sólo unos pocos saben ver. Gracias a la cámara de José Trigos se podría explicar a qué escuela pertenecen las Vírgenes y los Cristos; si a la escuela de Salzillo, Gregorio Fernández o Berruguete. . . . Después de haber visto el paso de las procesiones durante quince años, y en estos días la última, siempre me ha llamado la atención un par de cosas: PRIMERA: El fuerte arraigo que a mi juicio tienen las cofradías en Campillos, así como esa participación popular tan impresionante. Esas cuatro, cinco o más horas de representación por las calles, no es escenificar una Ópera de cuatro céntimos, como he observado en algún otro lugar. En Campillos, la procesión que se inicia con el surgir del acompañamiento, especie de preludio asomando a lo lejos con fuerza y énfasis, como si abroncaran a Satanás y a los demonios de alrededor, un manantial de penitentes de andar vivo y animoso, de hábitos cingulados, gentes y gentes y más gentes en hileras interminables como si allí asomara todo el pueblo desde el más guapo al más “matao”. Ninguna procesión de ningún pueblo de España mueve a tanta gente, en tal forma, con ese denuedo y con tanto orden. La Cruz en el centro, abriendo paso delante del pendón y demás estandartes. Las Bandas de música, autoridades y demás séquito. Perfecta la escenificación. ¿Quién lleva la batuta? ¿Dónde está el maestro de ceremonias? Yo no lo he visto, pero tiene que haberlos, no cabe duda. No es fácil mover masas con tanto orden. Nos agradó muchísimo ver siempre al Alcalde, D. Jesús M. Galeote Albarrán, junto al Hermano Mayor de cada cofradía, y al Pregonero D. Rafael Jordán Gómez, como orla o festón de continuidad de un todo iniciado por él. Y otro dato. En todos los momentos en los que interviene el señor Alcalde, siempre he visto, como en un segundo plano, de forma muy discreta, al primer teniente Alcalde D. Antonio Gómez Gómez. Detalle elocuente de solidaridad y apoyo a cuanto allí se celebra, al mismo tiempo que de nobleza y fidelidad para con la primera autoridad de Campillos. Los dos así, juntos y a la vez, demostrándole a todo Campillos que quienes gobiernan están con y junto a su pueblo, si los demás días en lo humano, éstos en lo sagrado. SEGUNDO: No conozco muy bien la historia. No sé si en Campillos se pasó de tener que pagar a los costaleros para que llevasen las imágenes, a pujar en subasta por llevar los brazos de los pasos. Pero hay una cosa que sí ha llamado poderosamente mi atención. Esos cerca o más de doscientos costaleros debajo de los varales, en cuanto participación perfecta e integérrima de toda la fuerza varonil del pueblo, con el paso de los años, nos viene confirmando que la raza mejora. Juventud no es sólo “botellón”. Los jóvenes (que son “nuestros” jóvenes, el futuro y, en poco, los rectores de la sociedad), confieren a la procesión esa vibrante compostura, un aire juglaresco, alarde y agilidad, yo diría desenfado y también coraje que tanto anima y circunda con su mirada los caminos y las lindes de una tierra. . . . No quisiera terminar sin dejar constancia de un momento, para mí el más impresionante o de mayor magnitud de cuanto he visto. Me refiero a esos encuentros en Plaza España entre los tronos de una y otra cofradía al cruzar ante la casa matriz del Santísimo Cristo. Me refiero al trance y faena de girar los tronos con tanto estilo y tan gloriosa lentitud. Momento éste de gran belleza y emoción. Los más de doscientos costaleros, bien arracimados, fundidos entre sí como si todos juntos libasen en la paráfrasis de un instante sagrado, con el son lejano e insinuante marcado por los palillos y el alma de un tambor, ello, así, más el suave señorío del capataz en su voz caliente, animosa y susurrada, y la exactitud de un metrónomo, mezclándose con el roce de las suelas, cuajándose en aquel silencio irrompible, el pueblo absorto y enmudecido, de espaldas a los descascarillados muros de la iglesia, siendo testigos las farolas y el hermoso palmeral, todos a la vez, todos a una, perfecto el compás, deletreando el encuentro de dos tronos bajo la mirada de Dios… ¡Pleamar! Porque: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. (…) Todo fue hecho por Él, y sin Él nada se hizo. Cuanto ha sido hecho en Él es vida, y la vida es la luz de los hombres…” (Evangelio de San Juan, 1, 1-4). Noche de Viernes Santo: “Le roit est mort, vive le roit”. Como recuerdo de aquel viernes 14 de Nisán judío en que murió Jesús. “Le roit est mort, vive le roit”. . . . Cuentan que en Portugal, y también por las costas de Cádiz y Málaga, prevalece la creencia de que los nacimientos se llevan a cabo cuando sube la marea y de que la gente se muere cuando está bajando. Nacer bien sólo acontece en PLEAMAR. . . . Cuando el paso ya se iba hacia la calle Real, cerré la ventana porque hacía frío, e impactado por la emoción me quedé recordando… Recordaba la música de un Stradivarius y contemplaba el zapateado de aquel Antonio Ruiz Soler (Antonio el bailarín) interpretando el “Zapateado” de Pablo de Sarasate. La piel se me había erizado. Gracias, Campillos. Gracias, costaleros, penitentes y gentes todas que formáis las cofradías. Genial. Gracias. César R. Docampo

http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2008/03/28/esta-y-otras-semanas-santas-75-/
2008-03-28T12:10:36Z
César latabernadelosmares@yahoo.es

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