domingo, 14 de septiembre de 2014

EL FIN DEL UNIVERSO (33-A) A propósito del Cambio Climático. Y a las puertas del Día de los Difuntos últimos del Universo. ===================================================== El Universo no es más que centenares de miles de millones de estrellas, dispersas por miles de millones de galaxias, a su vez perdidas en una inmensidad silenciosa, vacía y helada. El pensamiento se aterroriza ante ese universo tan diferente de él, que le parece monstruoso, tiránico y hostil. ¿Por qué existe? ¿Por qué existimos nosotros a través de él? ¿A dónde vamos, qué quieren de nosotros? ¿En el más allá existirán diferencias, privilegios y abusos como aquí? Veinte mil millones de años después de su aparición, la materia continúa su recorrido por el espacio-tiempo. Pero, ¿a dónde nos lleva ese recorrido? La cosmología responde que el universo no es eterno. Que tendrá un final, aunque sea infinitamente remoto. No podrá escapar a una de estas dos muertes posibles: la muerte por frío o la muerte por fuego. En el primer caso, se llama "abierto" al universo: su expansión se prosigue indefinidamente; las galaxias se pierden en el infinito mientras las estrellas se extinguen una a una, después de haber irradiado sus últimas reservas. Más allá de la duración de la vida del protón, la materia misma se disgrega. Llega el último instante, aquél en el que las últimas motas cósmicas de polvo son engullidas a su vez por el inmenso Agujero negro en que se ha convertido el universo agonizante. Por fin, el mismo espacio-tiempo se reabsorve: todo vuelve a la nada. Desde un punto de vista metafísico, nada hay más angustioso que esta consunción, esta ascensión de una nieve de materia, esta lenta disgregación, esta irradiación ilimitada que reviste todos los colores del arco iris antes de desvanecerse. ¿De qué estará hecha esa nada? ¿Qué quedará de la información acumulada en todo el universo durante centenares de miles de millones de años? Una respuesta pasa, quizá, por poner de manifiesto la relación entre la información de un sistema (su organización) y la entropía (degradación del orden de ese sistema). Se puede admitir, con la mayor parte de los físicos, que la adquisición de información (es decir, de un conocimiento) consume energía y provoca, en consecuencia, el aumento de la entropía global en el seno de un sistema. En otras palabras, si la entropía mide el desorden físico de un sistema, también es un indicador indirecto de que ese mismo sistema guarda localmente cierta cantidad de información. La teoría de la información desemboca, pues, sobre esta afirmación sorprendente: el caos es un indicio de la presencia, en el seno de un sistema, de cierta cantidad de información. En el extremo, el estado de desorden máximo que caracteriza al universo en el momento de su desaparición puede quizá ser interpretado como signo de la presencia, más allá del universo material, de una cantidad de información igualmente máxima. La finalidad del universo se confunde aquí con su final: producir y liberar el conocimiento. En este último estadio, toda la historia del cosmos, su evolución durante centenares de miles de millones de años, se convierte en una Totalidad de conocimiento puro. ¿Qué entidad guardará este conocimiento si no es un Ser infinito, que transciende el mismo universo? Y, ¿qué uso hará de este saber infinito que lo constituye y cuyio origen es, al mismo tiempo, él mismo?. Piensen... A propósito de algo tan al día: El cambio climático. César R. Docampo http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2007/10/20/el-fin-del-universo-33-a-/ 2007-10-20T15:12:38Z César latabernadelosmares@yahoo.es

No hay comentarios:

Publicar un comentario