domingo, 14 de septiembre de 2014

EDUCACIÓN Y FAMILIA: Mirando al futuro (36) En estos momentos, cuando nuestro país debate con ahínco sobre quién debiera impartir la asignatura de Educación para la Ciudadanía, después de haber dedicado 35 años de mi vida a la enseñanza, permítanme una reflexión, desde mi Taberna de los Mares: ============================================ FAMILIA Y EDUCACION: Es obvio que la educación primordial y profunda corresponde a la familia. Ahora bien; la familia está en crisis o abocada a la crisis. Existe la constatación de un hecho: en el mundo actual la familia se está reduciendo. Ha reducido su volumen, quedando limitada a los padres e hijos menores. Reduce también sus funciones, convirtiéndose en una comunidad de techo y comida. Ha reducido, además, su autoridad, en especial la del padre; autoridad que está siendo limitada no sólo por los Estados, sino también por las costumbres y las creencias. Los padres ya no pueden decidir sobre el matrimonio y la profesión de sus hijos. Hay incluso la triste impresión de que los padres no pueden decidir sobre casi nada. Y estos padres son los que ingresan en los Consejos Escolares, con su inexperiencia; representantes de la familia que, queramos o no, conserva la función de proteger y de educar a los hijos. El poder paterno, a pesar de todo, es el más absoluto de los poderes. Alguien se estremece al pensar que, en algunas ocasiones, dicho poder pueda encontrarse en manos de personas que pueden ser y son brutales, sádicas, débiles, vulgares o simplemente mediocres. Desde aquí se concibe que ciertos pensadores ataquen a la familia, como es el caso de J.P. Sartre, cuando en “Les Mots” afirma: “Nada mejor que hacer hijos, pero tenerlos es una iniquidad”. El verbo “tener” (del latino “teneo”=tener cogido por el puño, en lugar de “habeo”=tener, poseer) significa aquí una forma exorbitante del derecho de propiedad. Sería la posesión de un ser humano cuyo destino se pueda determinar. Como EDUCADORA, la familia juega un papel esencialmente conservador. Desconfía de cualquier innovación social, de cualquier no-conformismo o rebelión, de cualquier pensamiento. Como PROTECTORA, la familia es una sociedad jerárquica que rechaza la igualdad. Vencer al hermano mayor o, más aún, al padre o a la madre, es algo así como hacerles una injuria. Y es así, dice Piaget, que el niño no aprende en la familia más que una moral de obligación y de sumisión a una regla que es más sagrada cuanto menos se comprenda. La familia, al proteger y defender esa regla, corre el riesgo de hacer del niño un eterno ser infantil. Ésta es, sin duda, una de las grandes causas de las famosas crisis de adolescencia, porque los padres no admiten que el niño de ayer se haya convertido de repente en otro ser, con sus secretos, sus ideas y rebeliones. De ahí parte lo más sustancial del conflicto. La familia (hablo en general, claro es) sólo protege asfixiando, sólo educa congelando. Algunas veces los padres ante un nuevo educador dicen: “Éste no es de los nuestros”. Y lo dicen porque ellos pretenden que se eduque a sus hijos para un mundo que ya pasó. Gran equivocación, porque si el mundo camina muy de prisa, debemos educar para el mundo del mañana. En todos los jóvenes se advierte una dimensión de futuro, dimensión que debemos respetar puesto que uno de los derechos de un joven es el derecho a realizarse saltando sobre los límites de cada presente para anticiparse al futuro, pues el punto de sustentación del ser humano nunca es el presente, sino la tendencia a superar e incrementar ese presente. Quien no admita esto en sus hijos o en sus alumnos estará considerándolos o reduciéndolos a puros fenómenos biológicos. Ideología ésta que sustentaron desde Leucipo a Marcuse, pasando por Epicuro, Diderot, Nietzsche o Sartre, pensadores que pretendían minimizar la dimensión ética, con el fin de liberar al ser humano de cualquier aprehensión de su conciencia. Es entonces, cuando los padres, intentando defender el mundo del orden y eticidad para sus hijos, “in oblicuo” avasallan aquello que pretenden defender: La dimensión de seriedad que subyace en los comportamientos humanos. Educar, pues, es desarrollar todas la virtualidades contenidas en una persona. Educar no es integrar a un joven o hijo en tal o cual comunidad nacional, profesional o religiosa, sino en la comunidad humana que está más allá de las épocas y fronteras. Sobre todo, y a pesar de cuanto venimos afirmando, pienso que debemos soslayar inexorablemente el peligro en el que han incurrido los nuevos métodos pedagógicos de implantación francesa y americana. Hemos de procurar que la Educación no se degrade, por ejemplo sacrificando los conceptos a la imagen; el conocimiento, al saber-hacer; la verdadera cultura, al snobismo. Y sobre todo, debemos respetar incondicionalmente a nuestros alumnos. Debemos respetar incondicionalmente valores y verdades a las que el alumno debe llegar. Pues hay valores intelectuales, estéticos y éticos, sin cuya presencia cualquier educación es un mito. César R. Docampo http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2007/11/02/educacion-y-familia-mirando-al-futuro-36-/ 2007-11-02T11:25:21Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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