domingo, 14 de septiembre de 2014

DESDE EL PORTAL DE BELEM (39) Desde el portal de Belem, a la antigua usanza, a todos ¡Feliz Navidad! Tras mi saludo, quiero asomarme por unos momentos a este barrio digital que es mi Taberna de Los Mares donde sus calles son mis recuerdos teñidos por la emoción, panel y caracola después de tantos años antes y después de salir a la mar y encontrarme lejos de mis primeras querencias. Al retornar, en esencia y con pocas palabras, debo decir que en unos pocos días me he visto como aquel forastero en toda su teatralidad de reencuentros entrañables y hallazgos muy gratos y sorprendentes: paseando, viendo, recordando y reconociendo. Después de 30 años he vuelto a pasear las calles de un pueblo andaluz y lo he visto y palpado con otro ropaje más moderno, estirándose adecuadamente. Escaparates y comercios que nada tienen que envidiar a los de cualquier ciudad. Como si Dios sembrase en los surcos que son sus calles, cuando sembrar es amar aventuras de carácter pragmático con habilidad y tiento, el luminoso andar de todo un pueblo. Y así Campillos en la provincia de Málaga ofrece un nuevo atrezzo o decoración. Decorado que, con más o menos bombillas, es ya el Canto de la Sibila, canto de Nochebuena, esperando a los Reyes Magos, que no sabemos si eran Reyes astrólogos o sabios astrónomos, ni cuántos eran, ni de dónde llegaron, ni cuánto habían tardado en atravesar cientos de kilómetros por aquellos desiertos infestados de bandidos. Nada, no sabemos nada. Dicen los entendidos que debiéramos celebrar no el 2007 sino el 2011 del nacimiento de Jesús. Dicen y dicen, pero por encima y al margen de las discusiones sobre cronologías, está el sentimiento inalterable de celebrar los cambios de solsticio. No sé si es un ley inscrita en el corazón o una costumbre ancestral. Desde que era niño recuerdo que siempre, al acabar el verano, aparecían las lluvias, se sembraban los campos, en Andalucía se recoge la aceituna a las puertas de Navidad y fin de Año. Venía después la matanza de los cerdos, el azufrar las cepas podadas, y, en llegando la primavera, nuevamente el estallar de la vida en en las cunetas, en los campos y en los montes de vieja leyenda. En todos los hogares, escaparates y establecimientos va cambiando de vibración el latir de cada pueblo y todo se endereza atendiendo al nacimiento y puesta del Sol. Y así como la música criolla, de raíces europeas e indígenas, produjo la habanera, el zapateo, el dulce punto cubano y la guajira, así también la especie humana, cual masa gelatinosa y abúlica de raíces paganas y cristianas, desea llegar a todas partes donde se encuentre nuestra felicidad; celebra y celebra miméticamente todo cuanto las religiones y sociedad de consumo nos ofrezca en todos los escaparates (de imitación extralógica) como patrón de prestigio, de evasión, gozo en busca de la FELICIDAD. Tanto el “Homo sapiens”, como decía Linné, u “Homo stultus”, que afirmaba Charles Richet, componen nuestra especie. La Navidad, el fin de año y los Reyes, desde cierto punto de vista y para la humanidad de hogaño, no son otra cosa que cultura de masas, un producto manufacturado de consumo corriente. Verdadero engendro del comercialismo. A disfrutarlo y que ustedes lo pasen bien. Feliz Navidad César R. Docampo http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2007/12/24/desde-portal-belem-39-/ 2007-12-24T16:43:42Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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