lunes, 15 de septiembre de 2014

"TODA EDUCACIÓN ES UN COSMOS... ... PLAGADO DE INTERESES Y CAPRICHOS. ============================ Amigos CAMPERO, “amilcarbarca” y “eremita”: Acabo de leer lo último escrito por “eremita”, bordando una respuesta (sin acritud y con toda cordialidad) frente a esa elegante interpelación de “amilcarbarca” donde, a la tabla axiológica de “eremita”, “Amílcar” incorpora otros valores como sacrificio, austeridad, respeto mútuo, etc. Insertando ambos (con verdadera sapiencia y dando en el clavo) una serie de preguntas que van más allá de las preguntas, convirtiéndose en afirmaciones categóricas, que nos ofrecen un “mapa”, “figura” (“bild”, dicen los filósofos del lenguaje alemanes), “marco” o “cuadro” (“picture”) de nuestra actual sociedad, ¿EN DECADENCIA? . . . Quiero comentar a CAMPERO, y permitidme que lo haga subrayando las últimas y certeras palabras de nuestro amigo “eremita”: “Para concluir -afirma “eremita”- me gustaría decir que para mí sólo existe una solución a esta Sociedad Decadente: LA EDUCACIÓN”. . . . Sí señor. También yo lo pienso así porque, gracias a LA EDUCACIÓN, toda una Generación, la de HOY, está formando a la de MAÑANA y PASADO MAÑANA. . . . Pero nos advierte Platón: “Hacen falta cincuenta años para educar a un hombre”. Si tuviera más tiempo, espacio y ganas, me gustaría desarrollar, cara a la galería, el bellísimo “Mito de la Caverna” que Platón desarrolla en el libro VII de La República. Esos hombres que se encuentran encadenados al fondo de una cueva y sólo ven la proyección o sombra de la Realidad que se encuentra fuera, a sus espaldas, esos hombres representan la condición o situación salvaje del hombre antes de ser educado. En este bellísimo relato reúne Platón los dos símiles ya expuestos antes en el libro VI: el “símil del Sol” (ese Sol de las inteligencias que ilumina a todo el que viene a este mundo, dirá más tarde San Agustín), y el “símil de la línea dividida por segmentos”. El hombre, en el mundo de lo sensible, vive dentro de la cueva, apartado de la Verdad. Sólo ve las sombras que se reflejan en la pared del fondo, no siendo el “culpable” de esta situación. Su “no-saber” le viene impuesto por las ataduras codificadas en su mente desde niño, como fruto, ilusión o consecuencia de su “credulidad”. No distingue entre la Realidad e irrealidad de las imágenes (“eicasías”). No sabe que las sombras son reflejos. Tampoco podemos decir que el prisionero “cree sólo en lo que ve”, porque “ignora” que exista algo invisible. Estas situaciones se dan al inicio de la vida. Platón, además, se nos hace hiperbólico, exagera para llevarnos al límite de las situaciones, con el fin de resaltar la importancia de la EDUCACIÓN. Para Platón, “conocer” qué son las cosas es levantar los ojos y contemplar los arquetipos, los modelos, las formas, las IDEAS. Y, de este modo, comprender ese dualismo parmenídeo (de Parménides) entre el SER y el NO-SER, entre Realidad verdadera y Apariencia. Se trata de todo un proceso educativo lento y “doloroso”. La educación es un proceso arduo; es transcender del nivel sensible al inteligible, así se explica, como dice “eremita” que algunos prefieran trabajar de albañil antes que estudiar. Y lo que es peor aún: más de una vez, los estudiantes suscitan la risa de los demás, la risa de los que están cómodamente asentados en su ignorancia. Y, además, ganan lo mismo o más que un universitario. En Jerez yo conozco a más de un empleado de Telefónica, de esos que van con mono y una escalera, y ganan más que tú. Ya lo dice Erasmo de Rotterdam en su “Elogio de la Locura”. Describe muy bien a ese elenco de profesores muy soberbios y altisonantes que, al llegar la noche, comen fríjoles y matan chinches. . . . Regresando a Platón, os diré que él es el “padre” y “abuelo” de todos los racionalistas, y siempre más joven que todos ellos. Muchísimas de las ideas científicas y filosóficas enarboladas por los líderes del saber, no son más que anotaciones a pie de página sobre lo escrito por Platón. Desde sus desengaños y experiencias como la de Siracusa, por la que acabó maniatado, sentado en el suelo y subastado en el mercado de Egina como un esclavo más. La suerte fue que apareció por allí su amigo Anníceris que venía a comprar esclavos. Cuando se encuentra allí con Platón, tiró de cartera, pagó el rescate y se lo llevó a Atenas. Esta experiencia tan desagradable para el aristócrata Platón, le hizo pensar en los problemas humanos, renunciando al optimismo de Esquilo y los Sofistas. Para Platón, la Historia era ya “decadencia”. Según él, de cada Constitución salía siempre otra peor. Los paraísos terrenales -nos dice- hay que colocarlos en épocas remotas: En la Atlántida, en el Reino de Cronos. Esa falta de fe en la Historia y en el hombre (en Platón) es tan cierta que todos los proyectos platónicos carecen de puentes hacia el mundo de la experiencia. Con el dinero de su rescate (que no le quiso aceptar su amigo Anníceris), Platón compró un solar a las afueras de Atenas, junto a un templo dedicado al dios Academo. Y, en él, construyó su “Academía” (la primera universidad de Occidente, un centro con aulas, jardines y biblioteca). Y, en el frontispicio, sobre la puerta de entrada, mandó esculpir esta frase: “Medéis agueómetros eisito” (=”Nadie, no geómetra, entre”). Es decir; exigía a sus alumnos, como un postulado previo, su afición a las matemáticas, a la Geometría. En sus Diálogos, Platón desarrolla mil cuestiones, pero en sus clases explicaba geometría. Uno de sus tantos discípulos fue Euclides, quien luego escribiría “Los Trece Elementos”, un formidable plexo de axíomas y postulados, también estudia los números irracionales, al final, en el libro XIII. Y así tenemos que toda esa Geometría Euclidiana, voz y eco de las clases de Platón, habría de ser tan universal, tan firme e intacta que ni siquiera las metageometrías de Riemann y Nicolai Ivanovich Lobatchewski consiguieron arrumbar. Lógico: Platón, en sus clases, una y otra vez les decía a sus alumnos: “Escuchadme bien; yo no vengo a hablaros de las cañas de pescar, sino de la línea recta. No vengo a hablaros sobre las ruedas de los carros ni los aros de los toneles, sino de la circunferencia”. Lo tenía muy claro; tan sólo el universo abstracto de las Ideas (“tá eide”), generaba “episteme” (=Sabiduría, Ciencia). La idea de línea recta, la idea de circunferencia, sólo las ideas (“tá eide”) son o constituyen el “ontos on”, lo realmente real, lo eterno, ingénito e imperecedero. El mundo sensible, el mundo de las cosas (la caña de pescar, las ruedas de un carro o los aros de un tonel), en cambio, conforman una realidad efímera: No eran y ahora son; son, pero dejarán de ser; surgen, nacen y perecen. Por su misma inconsistencia no pueden engendrar “episteme”, Ciencia o Sabiduría. Las realidades del mundo sensible, generan tan sólo “doxas” (=”Opiniones”). Todo es tan aparente y efímero, amigo CAMPERO, como FITUR y su “pléyade de barrigones”, al final, no son más que un rictus en las “afotos”, como tú bien dices. Los mendrugos y el pan de mollete con sus características “organolépticas”, conforman todo lo vulgar y caduco. Ya lo habían confirmado, muchos años antes, el poeta Píndaro, Heráclito y también Empédocles. Amigo Campero; me encantó tu genial utilización del adjetivo “organolépticas”. Hacía ya muchísimo tiempo que no leía ese “palabro”. Todavía recuerdo aquellos años de estudiante de bachillerato, cuando en las clases de química inorgánica estudiábamos los cuerpos: su estado natural, obtención, propiedades físicas y químicas, y las dichosas propiedades “organolépticas”, que (permíteme ser pedante para esclarecer el significado) consta de dos raíces: “órgano” y “lépticas”. La raíz “lépticas” viene del verbo griego polirrizo: “Lambano”, que significa “tomar, coger, tomar en serio, apoderarse de, arrebatar, conseguir, alcanzar, “aprehender con los sentidos”, descubrir, etc. El verbo “Lambano” se enuncia: Presente “Lambano”, futuro “Lép-somai”, aoristo “Élabon”, pretérito perfecto “Éilefa”. De su raíz “lep” en el futuro, se deriva “lépticas”. Raíz que, unida a “órgano”, entre ambas expresan esas propiedades de la realidad que “tomamos”, “cogemos”, “conseguimos”, descubrimos” o “aprehendemos” (con “h” intercalada, eh) mediante nuestros sentidos (órganos). Es decir; las propiedades “organolépticas”, no quiere decir que sean objetivas, no quiere decir que estén en los objetos, sino que nosotros a través de nuestros órganos o sentidos así las percibimos. Es éste un tema muy interesante y al que Galileo le dedicó muchísima atención, así como todos los teóricos del conocimiento a partir de Descartes. Cuántos problemas sin resolver en los campos de la Ciencia. Cuántos zigzagueos en cuanto a modelos de EDUCACIÓN. ¿Y si lo Real es tan sólo un conjunto de propiedades organolépticas? ¿Y si la educación retornase a sus comienzos, a la épica de aquellas casas micénicas donde, en aquel salón central o “megaron” todas las noches, estando la familia completa alrededor del fuego, eran los abuelos y los padres quienes (oralmente) trasmitían sus conocimientos a las siguientes generaciones? . . . ¿Es posible que tal cosa acontezca? Sobre la hipótesis de una III Guerra Mundial. Mas, tranquilos, porque el Presidente OBAMA nos salvará de todas las guerras. Sigue en pie, sin embargo, aquella expresión de Henry James: “To kill a human being is, after all, the least injury you can do him”. (“Matar un ser humano, es, después de todo, el menor daño que se le puede hacer”). La minuta por este rollo, os la paso otro día. Os dejo para ver a Rafael Nadal. Está sufriendo. Así lo veo a la vez que escucho los comentarios de Manolo Santana. Precioso el terreno de color azul. César R. Docampo http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2009/02/01/-toda-educacion-es-cosmos-/ 2009-02-01T12:10:01Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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