martes, 16 de septiembre de 2014

ROMANCE DE UNA DIOSA ENAMORADA (II) ...


ROMANCES DE UNA DIOSA ENAMORADA (II). ...SEGUNDO EPISODIO: Desde Tanzania y el Lago Victoria, al anochecer: =============================================== Mi querido Adonis. ¿Por qué posees tú todo lo que yo soñaba de niña, corazón? ¿Recuerdas aquel viaje que hicimos los dos ( hace ciento y pico de años) cuando nos fuimos de vacaciones a las faldas del Kilimanjaro, aquella bellísima región por nombre Tanzania, en Tanganika? ¿Recuerdas que después viajamos hasta Burundi sobre las aguas de un río que desagua en el lago Victoria, al anochecer? Te seduje y te llevé hasta allí. Te dije que, si tú lo permitías, te amaría apasionadamente. Ahora dime: ¿Qué me otorgarás cuando viva contigo por toda la eternidad? Quiero hablarte. Despacito. Cobíjame entre tus brazos esta noche, por favor. ¿Recuerdas? Después de surcar el rio Nilo en busca del mediterráneo, dejando atrás la Gran Pirámide, tú y yo nos dimos cuenta de que las aguas del Nilo no se extienden sobre la tierra con el fin de fecundarla. No. Aquel inmenso caudal cruza Egipto no para fertilizar sus orillas, sino con el fin de verterse en el mar por sus brazos navegables. ¿Sabes por qué, querido Adonis? No, no lo sabes. Te lo diré, amor mío: Porque..., mientras la tierra retiene a los hombres proporcionándoles sus medios de vida, los caminos del mar sin embargo abren a su audacia todas las posibilidades. ¿Lo comprendes, lo ves? Así es nuestro AMOR. Pero antes te diré que las pirámides me parecieron cementerios donde reposan los muertos a los que el tiempo arrebató. ¡La muerte, qué incógnita! ¿Por qué a los seres humanos nos quita, a veces, el sueño? ¿Por qué la idea de no existir, la idea del no ser, nos intimida, nos produce tristeza profunda, agonía y desazón? Yo sé que la muerte es inherente a la vida; que el “ser” juega con el “no ser” a las canicas; que todos nos aferramos a esta vida equivocadamente. Sólo si no pudiera vivir a tu vera, me dolería morir; porque necesito “vivenciar” mis sueños contigo. Por lo demás, ya he cumplido todo lo que tenía programado. El tiempo se mueve, juega con todos y con todo, pero yo aprendí a pararlo y sé congraciarlo con mi alma! Le supero, le sigo en su devenir incruento y laxo. Y no me duele. No lagrimeo ni le reclamo, ni hago penitencia por él, ni me someto a sus normas. Me crezco ante la muerte, ante el polvo de mis propios huesos, ¿sabes por qué? Porque tengo mi alma enamorada y así, me salvo. Lo requiero para perpetuar mi soplo, mi hálito, mis recuerdos..., y aquellos abrazos rotos por la ceguera del otro...Y ahora miro la tierra tranquila que me envolverá en su día bajo el cielo que la cobija desde lo alto, desde lo eterno. ¡Vamos, alma mía! ¡Venga, Adonis! Ama, busca, enamora al espacio; no dejes que la pena y la tristeza penetren en tu templo. Rompe las ataduras, busca la belleza, reclama todos tus derechos de inmortalidad y vida. Descuelga las estrellas que no tengan luz y pregona al universo que el AMOR NOS SALVARÁ; que el amor nunca estará encerrado en los cementerios; que las lilas adornarán la vida, los sueños, la ilusión y la risa. Deja que las almas de los otros descubran el misterio de la eternidad, del “ser para siempre”, de lo importante que es pronunciar “Te quiero”. … … ... ¿Tú quién eres, Afrodita? Preguntaba yo. Y respondiste diciendo: -La que enfureció los caballos de Glauco de Corinto en aquellos juegos funerarios en honor del rey Pelias, y los caballos le despedazaron. No te comprendo. Repito: ¿Quién eres tú, Afrodita? -Yo soy la madre de Eneas. La bisabuela del dios Dionisio, aunque algunos digan que fui su amante. La misma que salvó a Paris cuando estuvo a punto de ser asesinado por Menelao. Y añadías, confesando: ¿Por qué posees tú todo lo que yo había soñado cuando era una niña, corazón? Es una pena que no estés ahora a mi lado, que sigas lejos, que despiertes cada mañana fuera de mi pensamiento. Que llegue la noche y no siembres el azafrán en la huerta de mi templo. Que no te acerques a enamorar conmigo los meses y los años de tu vida anterior, olvidados en ese pasado tuyo, sin el permiso de mis requiebros...! ¡Es una pena que nos hagamos mayores sin aprovechar las serenas madrugadas que saben a miel y espliego; que no nos pertenezcamos en esas bonitas noches de luna llena, con luz inmensa y las suaves caricias del “lucero”!. ¡Es una pena que te sometas al tiempo, que nadie te recuerde que me amas y que puedas despertar sin que nadie abrace tu mirada y tu cuerpo! ¿Por qué no te sublebas a todo lo ordenado, a todo lo programado, y cruzas el umbral de mi puerta para enamorarme nuevamente? ¡Qué pena que no llores mi destierro, mi dolor huidizo, y que mi corazón inquieto no viva a tu lado para siempre, porque te quiero! ¿Entiendes, amigo Adonis, la tristeza de mi cuerpo y de mi alma? ¿Y que poco a poco mi vida te pertenece y que no hay descanso en mi pensamiento? Todo ello “con naturalidad”. Porque, a pesar de todo... Yo no vivo ningún drama. Perdono al cielo todos los sufrimientos que pueda mandarme por quererte así, por quererte tanto, por tener celos de tus despertares, de tus albas solitarias, de tus paseos alocados, de tu ser soñador y de tu buscado destierro. Recuérdalo bien: Mientras la tierra retiene a los hombres proporcionándoles sus medios de vida, los caminos del mar, sin embargo, abren a su audacia todas las posibilidades. Igual que nuestro AMOR. ¿Entiendes? Porque tú posees cuanto yo soñaba de niña. Y así... ¡Te quiero tanto! AFRODITA. http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2010/11/25/romances-diosa-enamorada-ii-/ 2010-11-25T08:24:57Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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