martes, 16 de septiembre de 2014

AFRODITA EN LEÚCADE...


AFRODITA EN LÉUCADE. "FANTASÍA op. 49". ...TERCER EPISODIO: “ROMANCES DE UNA DIOSA ENAMORADA”. ============================================= Cuando Afrodita abordó a la isla de Citerea, fue acogida por las Horas que la hicieron sentar en un carro de excepcional diafanidad, y la transportaron al Olimpo. -¿Es cierto, Afrodita? -Sí, es cierto. En el Olimpo, las Risas, las Gracias y los Juegos constituían mi cortejo. Estando allí, fue cuando Jùpiter concedió mi mano a Vulcano, inventor del rayo mediante el cual Júpiter derrotó a los Gigantes (en La Gigantomaquia) y se apoderó del Olimpo convirtiéndose en el padre de todos los dioses, y mi esposo Vulcano en señor y dueño del poder de las brasas, el yunque y la luz. -Pero tú, Afrodita, diosa inconsiderada y frívola, te enojaste en extremo de tener por marido a un herrero cojo y rudo. Te mostrabas complacida ante los halagos de que eras objeto por parte de todos los cortesanos del Olimpo. Mas un día manifestóse Adonis, hijo de Myrrha, y, sin mucho esfuerzo, conseguió emocionarte con música de Sibellius, Schumann y Brahms, por los derroteros de tu novela naturalista. -Sí, señor; así fue -exclamó Afrodita, añadiendo-: Tú sabes mucho. ¿Quién te cuenta mis cosas? -Las cuenta un tal Assange en sus “Wikileaks”, que por cierto estudió semántica griega y conoce el dialecto dórico en sentido estricto. Para decir “perro”, no escribe “kúon”, sino “kúe”; para decir “madre”, no pone “méter”, sino “máti”. De manera que si los atenienses ahora hablan griego ático, J. Assange les habla en dialecto micénico-dórico. Tan sólo le comprenden quienes Assange desea que lo comprendan, pues dominan el dialecto dórico en sentido estricto. De manera que, hermosa Afrodita, háblame, escríbe en el dialecto dórico, que nadie te comprenderá, excepto Adonis. … … … Y Afrodita se puso a escribir sobre la arena de un MAR dórico: 1.- “Si tú eres Chopin, yo soy George Sand. Y la música ahora no es un lujo, es una necesidad; espuela para huir del sufrimiento y las soledades”. 2.- “Me he quedado con deseos de seguir hablando contigo, querido Adonis. Mañana conversaremos porque el tiempo corre y tú estas lejos”. 3.- “Menos mal que yo juego con él, desde nuestra “Fantasía opus 49” y nos esperará... Nos espera la grandeza del “scherzo”, la intimidad de una “balada” y esa estilización de una danza “polonesa”. Te estoy hablando, amigo Adonis, en griego micénico y dórico, no clásico ático. Necesito escribirte así (para nosotros dos y nadie más). Es así cómo me siento más cerca de ti, como si te abrazase junto a mi cuerpo, cariñosamente, sin atisbos de lujuria”. 4.- “Otras veces, sin embargo, te deseo tanto que te busco por cada rincón del Olimpo, donde yo te sitúo en un momento grácil y enamorado”. 5.- “Contigo he sentido todas las posibles emociones y he vivenciado los sentimientos más lindos de mi corazón”. 6.- “¿Sabes? Nada llega a perderse jamás. La memoria acumula tesoros, secretos que crecen en la oscuridad. Y las manos del tiempo los cubren con un sutil velo para que no se pierdan... La memoria es para mí como las alas a un pájaro, el perfume a una flor, o la luz a una estrella. Mi mundo, todo mi universo está lleno de ti..., de tus palabras, de tus silencios, de tus idas y venidas, de tus monólogos y del sonido fantástico de tu voz. Te recuerdo desde siempre, Adonis. Y mi memoria se hace fresca y cristalina como la fuente que nunca se seca. El misterio que ha vuelto a unir nuestras vidas, no es nuevo para mí. Yo lo esperaba, yo te he buscado por todos los recovecos de todos los senderos”. 7.- “Sabía que tú me buscarías y que yo te esperaría siempre, siempre...” 8.- “Quisiera enamorarme de nuevo y... “no dolerte nunca”. Quisiera desandar todas las encrucijadas y abrir mi regazo como una madre con su hijo que vuelve del exilio. Quiero seducir tu voz como una amante; besar tus ojos con la misma dulzura que posee la lluvia cuando cae y se funde suavemente con el mar. Quiero darte mi palabra y mis caricias para que ya no duermas solo por las noches, y recibas el alba de todos los días con mis manos a tu espalda”. 9.- “Quisiera beber en tu alma y fundirme con tu cuerpo. Sin prisa. Cautelosamente, verdaderamente intangible y superior. ¡Oh!, quisiera que mi alma te perteneciera como ya te pertenece mi cuerpo”. 1o.- “Tenía tanta necesidad de decirte todo esto, que ruego me disculpes por mi atrevimiento. Cada día que pasa te necesito más; cada noche que termina, te deseo más; cada atardecer, te busco y te encuentro en cada situación que es mi vivir”. ¿Es amor esto, amigo Adonis? ¿Es real mi existir desde hace tantos años? ¿Estás ahí de verdad o te estoy soñando, imaginando..., creando un hombre cuyo talante me completa y me da todo lo que siempre deseé? ¿Eres aquel hombre que me emocionó tanto que jamás pude olvidarle? ¿Eres tú o no? De todos modos, ¡no dejes de buscarme! Que tu memoria, esa que acumula secretos y tesoros, rebusque en el pasado las sensaciones maravillosas que sentimos, y pueda construir un diminuto proyecto de vida, que nos haga felices hasta la eternidad”. … … … Léucade era una isla del mar Jónico, cerca de Corfú, famosa por su promontorio desde el cual se precipitaban al mar los infortunados amantes que deseaban curarse de su pasión y borrar el recuerdo de sus penas. Afrodita, que adoraba a Adonis y lloraba su muerte sin cesar, recurrió a la ciencia de Apolo (dios de la medicina), quien le aconsejó que realizase el salto de Léucade. Afrodita así lo hizo y quedó en extremo sorprendida al ver que salía de las aguas tranquila y consolada. “Remedio infalible”, se dijo para sí. Remedio tan reputado que las gentes enamoradas acudían desde las más lejanas regiones. Y, después de comprometerse mediante un acto religioso, persuadidas con la ayuda de Apolo, todas sobrevivían al peligroso salto y desterraban para siempre las cuitas del amor, recobrando la calma y la FELICIDAD. … … … Cuando Afrodita había regresado de Léucade, sentió PAZ, una INMENSA PAZ. Ya eran otros sus horizontes formales y expresivos. Se fue a Mallorca, a una cartuja de Mallorca donde se expone el piano de Chopin. Y, haciendo sonar los acordes de "Fantasía op.49", hacía como si escribiese en su diario de siempre: "Yo te quiero tanto, que por primera vez mi pluma se torna torpe y sin recursos. Ahora escúchame: ¡Te buscaré siempre!. AFRODITA http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2010/12/05/afrodita-leucade-/ 2010-12-05T23:59:49Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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