martes, 16 de septiembre de 2014

NUESTRO PRESIDENTE...¿RESUELVE O CREA PROBLEMAS?


NUESTRO PRESIDENTE... ¿RESUELVE O CREA PROBLEMAS?

... ESTUPOR E INDIGNACIÓN.

========================== Álvaro Ballesteros dijo
Reconozco que me siento en parte como en estado de shock por todo lo que está ocurriendo recientemente, por cómo los españoles parece que hemos perdido ya por completo el norte al analizar lo que hacen nuestros gobernantes, y por cómo estos no se preocupan ya ni lo más mínimo por disfrazar su mediocridad y su falta de saber hacer.
No dejo de pensar un segundo, mientras escribo estas líneas, en el episodio del asesinato de los tres españoles (dos Guardias Civiles y un traductor) en Afganistán y repaso las noticias de los últimos días de la “no-crisis” con Marruecos, al tiempo que queda fija en mi mente la foto de la sonrisa de Zapatero ante la prensa, anunciando feliz la liberación de los dos cooperantes españoles liberados por Al-Qaeda en Mali tras el pago de entre 5 y 10 millones de Euros a los secuestradores. Son precisamente todas estas noticias las que me hacen ver la sonrisa de Zapatero como la “sonrisa del más absoluto fracaso”, en la cara de un inconsciente que no ve más allá de las cuatro paredes de su palacio dorado. Es, en mi opinión, esa inconsciencia la que dirige una maquinaria de poder que lleva ya años “pudriendo el alma de la nación” (parafraseando a Marco Tulio Cicerón). Esa sonrisa del fracaso (la del mismísimo Zapatero) se me antoja la clave para intentar entender (y si es posible, explicar) qué nos está sucediendo como país, en esta jornada de años en caída libre en la que ya hemos perdido todos los parámetros que hacen respetable a un Estado como actor internacional.
En mis anteriores escritos he hecho múltiples referencias en profundidad al fracaso tan absoluto de la política exterior española del tándem Zapatero-Moratinos hacia Marruecos, sometiendo nuestros legítimos intereses nacionales al rodillo feudal que encarna la monarquía Alauita, insaciable a la hora de intentar alcanzar sus objetivos estratégicos frente a un (des)gobierno amateur que va cediendo terreno en cada episodio de enfrentamiento mutuo. No deja de llamar la atención el esfuerzo del PSOE y de ciertos sectores políticos y mediáticos a la hora de dar cobertura a la errática política exterior zapateril, aportando al pueblo español un análisis en el que la culpa de la reciente crisis en Melilla era más del PP y de Aznar, que del constante empuje marroquí por negar la españolidad de nuestros territorios en el norte de África. Así, mientras Pepe Blanco acusaba a Aznar por crear la crisis con Rabat, Moratinos negaba que existiese tal crisis diciendo que “las relaciones son excelentes”, al tiempo que De la Vega decía que se había superado la crisis, y Rubalcaba volaba a Rabat para intentar apaciguar a Mohamed VI. Todo con recurso incluido de Zapatero al Rey para que telefonease a su par marroquí y pusiese en las relaciones ese toque de orden que el gobierno de España es incapaz de poner desde 2004. Demasiado ruido para una “crisis inexistente”, demasiado ruido para unas “relaciones excelentes”, demasiada descoordinación para un gobierno que lleva ya seis años haciendo el ridículo.
Esa misma cobertura a la errática política exterior zapateril pretende presentarnos como un éxito digno de orgullo el hecho de que nuestros dos compatriotas hayan sido liberados en Mali tras el pago a Al-Qaeda de millones de Euros que servirán (que no lo dude nadie) para financiar acciones futuras del terrorismo yihadista en las que morirán y sufrirán otros muchos civiles, aunque parece que eso no nos importe al no saber sus nombres ni conocer sus rostros ni tener nuestra misma nacionalidad. No deja de llamar la atención que en un país como España, tan curtido por décadas de lucha nacional contra el terrorismo, en la que el pago del secuestro a los terroristas es también delito, este (des)gobierno mediocre se muestre sonriente al público tras pagar millones de Euros a los secuestradores yihadistas que ya han anunciado al mundo que el ejemplo español debe de ser el que prime para otras naciones cuando sean sus ciudadanos los que caigan víctimas de Al-Qaeda. El ejemplo español es por desgracia el de la rendición a los criminales, el de la sumisión del gobierno de Zapatero al terrorismo internacional, el del surrealista “antes morir que matar”. Y yo me pregunto desde hace ya bastante tiempo, ¿cuándo diremos públicamente que ya esta bien de tanta idiotez oficial, de tanto despropósito y de tanta traición a nosotros mismos?
Para aumentar nuestra vergüenza, Moratinos se ha dedicado durante la crisis del secuestro en Mali a recorrer la región pidiendo la liberación de terroristas y gestos de sumisión a Al-Qaeda, y el mismo Zapatero no dudó en elegir el pago a los secuestradores por encima de las posibles operaciones militares de rescate. Los cooperantes liberados decían al llegar a España que sentían “orgullo por el trabajo del gobierno”. Entiendo su alegría al verse libres y entiendo también que no quieran pensar en las consecuencias del pago del rescate, que hace a Al-Qaeda mucho más fuerte de lo que ya lo era. Todo igual que en el caso del Alakrana. El mensaje que nuestro (des)gobierno ha vuelto a lanzar a los cuatro vientos es que secuestrar a españoles es rentable e implica poco riesgo para los secuestradores. Zapatero ha vuelto a poner precio a nuestras cabezas en el exterior, por mucho que haya tantos que quieran ignorarlo. El mensaje que Zapatero ha vuelto a mandar a Al-Qaeda es que es rentable secuestrar a los españoles que trabajamos en el exterior.
Y con respecto al caso de los tres españoles asesinados en Afganistán (dos de ellos, oficiales de la Guardia Civil) por un policía afgano (no es por desgracia el primer caso similar en este país en el que los Talibán están infiltrados en todas las instituciones), me asombra volver a leer los debates de si Afganistán es una guerra y sobre qué demonios pintamos los españoles allí. Volvemos a rellenar nuestras charlas de café con las discusiones equivocadas, esas que nos hacen seguir haciendo el ridículo internacionalmente sin asumir la madurez política propia de la potencia media que alguna vez aspiramos a ser.
Pagar el rescate millonario a los terroristas de Al-Qaeda y acometer gestiones regionales para pedir la liberación de terroristas con el objetivo de que liberen a nuestros secuestrados es una indecencia. Una política inmoral e impropia de España, un país que sabe lo difícil de la lucha contra el terrorismo. Un país que sabe que cada pago a los terroristas equivale a la muerte de numerosos otros inocentes. Desde estas líneas denuncio esta política suicida de entrega a los criminales y defiendo que la única manera de acabar con el terrorismo es derrotándolo en su estrategia de confrontación. Es una vergüenza que el gobierno de España no organizase una operación militar junto a Francia (o en solitario) para liberar a los secuestrados y abatir a los terroristas. Ese es el único mensaje que estos entienden y el único incentivo real para prevenir futuros secuestros de españoles. La política fácil del pago y la sonrisa del fracaso nos auguran muchos más “Alakranas” y muchos más cooperantes víctimas de Al-Qaeda.
Frente a la crisis motivada por el empuje marroquí y el acoso a nuestros territorios en el norte de África, denuncio la política de derrotismo y entrega a Marruecos, al tiempo que animo a los españoles a exigir un cambio institucional, pidiendo una nueva política que diga a Rabat que nuestra integridad territorial es innegociable, que su acoso es inaceptable y que la cooperación entre vecinos tiene un precio. Que ese precio no va a ser pagado siempre por España, y que Marruecos tiene que aceptar compromisos básicos si quiere mantener su relación estratégica beneficiosa con España y la UE. Lo de abrir nuevas comisarías de policía conjuntas en Algeciras y Tánger es muy interesante, pero pensar que eso pone fin a esta crisis perpetua supone un error estratégico que tendrá un alto coste en el futuro para ambos de nuestros pueblos.
Y por último, ante el asesinato vil de nuestros efectivos en Afganistán, me permito recordarles a los que se preguntan de nuevo si hemos o no de permanecer en la misión de la Comunidad Internacional en tierras afganas, que estamos desplegados allí porque hemos decidido (en la ONU, en la UE y en la OTAN) que así era y es necesario, para apoyar la estabilización del país y para formar a las nuevas instituciones afganas. En última instancia, estamos allí porque así lo han decidido el gobierno y las Cortes de España, y punto.
En mi opinión, esa no es la discusión relevante. Lo que sí creo que hemos de preguntarnos es lo siguiente: ¿cuentan los españoles (militares, civiles y policías) que van a Afganistán con la formación especifica necesaria para dicha misión concreta? ¿Tienen los medios que necesitan? ¿Qué tipo de coordinación con los efectivos de países aliados tenemos? ¿Hemos desarrollado un plan conjunto para conseguir objetivos y retirarnos cuando estos se hayan alcanzado? ¿O estamos allí sin coordinación, ni comunicación, sin medios, sin tener ni idea de adónde vamos, y solo gastando vidas y dinero público, porque hay que estar sin más? Cuestionarse a estas alturas si tenemos que estar en Afganistán o no, es una prueba irrefutable de nuestra inmadurez política en el plano internacional. Lo que la situación requiere de nosotros y de nuestros aliados es que unifiquemos esfuerzos, cumplamos nuestros objetivos, derrotemos a los Talibán, y pongamos en marcha instituciones afganas propias (incluida la policía afgana), antes de retirarnos. Nuestro problema es que esto es mas fácil decirlo que hacerlo y sobre todo que nuestros políticos no tienen ni idea de lo que se cuece por allí. Pero así es la vida, “que es muy puta”, como dice un buen amigo mío destinado en Qala-E-Now.
Discutir si Afganistán es una guerra o no, solo sirve para que los españolitos y los políticos de tres al cuarto rellenen sus charlas de café.
Lo que hay que analizar es cómo cumplimos nuestra misión, qué tipo de personal necesitamos, qué tipo de formación y equipamiento, y qué tipo de políticos requerimos (para defender nuestros intereses, para alcanzar nuestros objetivos y para mantener a nuestras opiniones públicas al tanto de los esfuerzos hechos y por hacer). ¿Políticos localistas inexpertos como los que hay en España, o expertos en los distintos campos que tomen decisiones complejas pero necesarias? ¿Políticos que expliquen a la opinión pública las dificultades a las que nos enfrentamos y las medidas necesarias para hacerles frente, o políticos irresponsables (abanderados del buen rollito) que nos digan continuamente que “estamos mejor de lo que parece”?
Eso es lo que hay, damas y caballeros, cruda y llanamente. De cara a Afganistán, Marruecos o Mali, ¿asumimos los retos y las obligaciones que la vida nos impone, o seguimos al margen de la historia, jugando a hacer como que la película no va con nosotros? De los españoles depende (es la belleza de la democracia) si decidimos afrontar la realidad, apoyar a nuestros amigos y combatir a nuestros enemigos, como hacen nuestros vecinos de peso internacional.
O si seguimos jugando a ignorar la realidad y sus desafíos, pretendiendo que no hay ni aliados ni enemigos, entreteniéndonos con alianzas de civilizaciones, y manteniendo confiados la sonrisa del fracaso.
NOTA BENE: El texto que ustedes acaban de leer es de D. Álvaro Ballesteros, que aparece en formato "comentario" a un artículo mío, y que me permito elevarlo a portada por su actualidad.
















http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2010/08/29/nuestro-presidente-resuelve-o-crea-problemas-/ 2010-08-29T12:20:12Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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