martes, 23 de septiembre de 2014

HÁBLAME DEL MAR, MARINERO...


¡HÁBLAME DEL MAR, MARINERO...!
…ANSIEDAD Y FRENESÍ EN LUNA LLENA.
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No recuerdo bien si fue Goethe quien decía: "Si tienes un monstruo, escríbele...".
Goethe deseaba darnos a entender que todos llevamos por dentro una especie de “monstruo”: Esa persona que nunca fuimos y su propia vida que nunca existió.
Partiendo de estas ideas, he aquí mi reflexión:
La Madre Naturaleza crea sus propios parentescos, a veces más poderosos que los forjados por tu misma sangre.
El hombre acampa y anda:
Porque hay siempre, y en todo, un alma y un suelo. Suelo y alma son una parte de nuestro espacio vital. Nuestro espacio vital, sea nuestro nido o nuestro suelo, dispone además de algo más complejo, casi infinito, por donde desarrollamos nuestros impulsos migratorios. Y lo mismo nuestro afán sedentario como el afán migratorio se revuelven dentro de nosotros con ansiedad y Frenesí. Esto es la Vida.
La vida es así…
Después viene un maestro y dice: “Lo más principal y superior es aquello que, en las tristezas, inspira alegría; y, en nuestras alegrías, inspira tristeza.
No está mal…
Pero yo pienso que se trata de falsos maestros. Maestros de tiempo rápido, instando a las personas para que se arrepientan; obligándoles a que se den golpes de pecho, retrocedan o se autoinmolen en lugar de entregarse al omnímodo Frenesí con su pincelada soberbia y libre.
Necesitamos que nos dejen VIVIR, que nos dejen SER. Necesitamos SENTIR que somos; experimentar el mayor número de NECESIDADES y APETENCIAS. Auto-inmolarse es de imbéciles, tontos, o castrados. El Neopitagorismo, así como el Neoplatonismo de Plotino y sus “Ennéadas” son los culpables del ascetismo y esa estúpida moral que se vierte en el Cristianismo por un error histórico. Confundieron a Dionisio, nacido en Areopagita y discípulo de Plotino, con San Dionisio, nacido en Areopagita pero discípulo de San Pablo y patrono de Jerez cuya fiesta celebraremos el próximo día 9 de Octubre. Ese error explica el que una filosofía pagana (el Pitagorismo que desprecia y condena al cuerpo humano, porque es materia-pecado), se asiente en las estructuras tanto morales como dogmáticas del Cristianismo.
Decir o afirmar esto…,
No es una chanza, vindicación estúpida ni rencor. Es astucia obligada. La canción del esclavo que necesita dejar de serlo.
… … …
La recuerdo bien.
La estoy contemplando, la estoy viendo desde nuestra lejanía…Deseo aplicarle la curiosa sentencia de Goethe, haciéndome recordar por SIEMPRE… aquella mañana del mes de Julio de 1964 cuando me acerqué a Campillos por primera vez. Y cómo, justo al año, a primeros de Julio de 1965, conocí a la que habría de ser mi esposa. Mª. Ascensión Padilla Recio (q.e.p.d.) se llamaba. Hace de esto algo más de 47 años. Y me parece que fue ayer.
Lo juro:
Cuando los recuerdos son visiones del pasado y no experiencias ya olvidadas…, cuando (remirándonos) prolongamos el delirio del Frenesí…,
“Tal vez esté llorando mis pensamientos, mis lagrimas son perlas que caen al mar, y el eco adormecido de este lamento, hace que esté presente en mi soñar”.
(“Ansiedad”, canta Nat King Cole)
¡Háblame del mar, marinero…! Vuelvo a decir.
Y escucho aquella lejanía de cuando jugábamos en los mismos jardines, con las mismas travesuras, más acá y más allá de las albercas. Élla muy joven, con flores en el pelo, y un cuaderno secreto siempre abierto para mí: Su VERDAD:
Ella, en el Cielo. Yo, en tierra batida, pensando en ella, enterrada en un mar de infinitos límites. Los ríos, las plantas, las ansias, huracanes y el Amor, todo lo demás. ¡Háblame del mar, marinero!
Que nadie me eche la culpa si hablo de ella como en aquellos instantes cuando estaba a mi vera. Los Sentimientos que ella me mostró y transmitía eran mi feudo señorial; en mí se plasmaban de manera muy gráfica y tan sencilla que nadie más sabrá convertir en su provecho.
No consentiré caminitos a retaguardia. Ni a ninguno de esos que sólo saben molestar, perseguir y asaltar sin descanso a los terneros y a las cabras. Cuando aquellos momentos tan lindos y fugaces de la vida se están haciendo eternos en la memoria.
Que me ahorquen si hubo alguien más feliz que yo.
La tengo y ella sigue a mi lado. En literatura, igual que en los sueños, nada envejece.
Una vez, entre ella y yo plantamos un tilo y dos acacias; jazmines y rosas silvestres. Cuando aquella vegetación circundante iba floreciendo, verdeando, ensombreciendo, refrescando, perfumando y arrullándonos, pero al mismo tiempo trazando sus límites…, yo imaginé que el hombre se afanaba y acomodaba como si este lugar en el que ahora vive fuese para siempre.
Y no es así. No ha sido así.
Cualquier investigación sitúa un pedazo de Naturaleza en nuestras manos, en nuestro poder. Y, al instante, se nos revela como si fuera una red de dependencias en las que nos reconocemos enredados. Porque nada es absoluto. Nada es perenne. Estamos de paso, caminando hacia otro lugar.
Sólo el cociente entre dominar y ser dominado es inalterable. Si sube el numerador, sube también (otro tanto) el denominador. Cada nueva libertad conquistada descubre nuevas dependencias. Cada nueva dependencia que descubrimos nos permite la conquista de nuevas libertades. Y, de este modo, la expectación, las dudas y la incertidumbre, se mantienen en el interior de cada uno. Así…, eternamente.
Y porque casi todo depende de la facilidad de adquirir noticias, surge la canción diciendo: “Háblame del mar, marinero”.
La Vida es ansiedad y Frenesí.
… … …
Si les parece, pueden ver la película “Frenesí” de Alfred Hitchcock
Donde podréis apreciar el estilo cinematográfico de un ex-alumno de los Jesuítas, sabiendo utilizar técnicas ingeniosas, el contrapunto sonoro y ese guión policíaco tan bien maquinado.
César R. Docampo











































































http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2012/09/25/-hablame-del-mar-marinero-/ 2012-09-25T09:12:05Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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