martes, 16 de septiembre de 2014

EL AMOR DE UNA MIRADA...


EL AMOR DE UNA MIRADA...
… SERVIDA POR LOS OJOS DEL COSMOS. =========================== Imaginemos que el mundo sale súbitamente de la Nada. Si cerramos los ojos para escuchar, oiremos el silencio. Después, sonidos que nacen de ese silencio. Y si me valgo de mis ojos para ver la luz y todas las formas, surgirá una configuración exquisita, algo que vibra proveniente del espacio. Semejante realidad no puede provenir de la NADA. Algo que empieza ahora y no en el pasado (un pasado que se va desvaneciendo en la memoria) tiene que ser el eco de una REALIDAD en este caso PERSONAL, como la estela de un barco que va rezagándose en el agua hasta perderse sin, nunca jamás, desaparecer. … … … Era Al-Ésjaton una villa al noroeste de la provincia de Málaga, cerca de Teba (Teba la Roja, le decían). Si Teba había sido un pueblo montuoso y algo áspero, amurallado con fortificaciones y falsabragas, más un castillo medio ruinoso allá en la cima (última palabra de otras guerras, según rezaba la leyenda), surcando campiñas y entrellanos cruzados por caminos de herradura, a dos leguas de camino surgía espléndida y bien reclinada la villa de Al-Ésjaton. Hijos ilustres de Al-Ésjaton, el uno periodista y el otro historiador, la habían bautizado “Campochico” y ”Vilacampa” en novelas de ficción. Mas su nombre legítimo es el de Al-Ésjaton, que así lo atestiguaron el juez don Manuel Entrena, un veterinario (don José Agüera) y el cojo Rafael, tres cristianos bien avenidos con ojos de zahorí. Era Al-Ésjaton un pueblo apacible, listo y feliz. Hasta que un día desapareció una niña que se llamaba Soledad. Algunos dijeron que se había sentado en el escalón de la puerta de su casa cuando estaba oscureciendo y que, de pronto, había visto en el suelo una Luz, una esfera de Luz en movimiento. La niña fue siguiendo aquella Luz hasta las afueras de Al-Ésjaton y nadie supo más de la chiquilla. Nunca regresó a su casa. La policía municipal y el pueblo entero la buscaron por todas partes. El púlpito de la iglesia parroquial aguantó siete domingos dirigiendo las admoniciones contra supuestas entelequias: que si los seriales de televisión, que si los forasteros, la trata de blancas, que si patatín que si patatán. Sospechaban que anduviese por Ceuta, Melilla, Barcelona, Palafrugell, Palamós o Valencia. Fue entonces cuando el cojo Rafael, un hombretón de voz muy bronca y ojos de zahorí, que siempre era el primero en decir lo que pensaba, anunció: “Para mí... que a la muchacha la tienen en Gibraltar”. ... ... ... En el número 26 de la calle Guzmanes, había una casa solariega donde vivía doña Rosalía Recio con sus sobrinos Paco y Juana. A esa casa acudían muchas tardes dos primas de la familia Recio: Candela Recio Campos y Rocío Padilla Recio. Sentadas en el patio interior junto al brocal del pozo, a la sombra de un granado, Rocío y Candela jugaban, tocaban palmas y cantaban. La tía Rosalía, (hermana del abuelo Leonardo), de ojos azules y la frente despejada, peinada con un moño de brillante pelo, hacía encaje de bolillos junto a ellas, les ponía de merendar pajaritos fritos, les contaba cuentos y recitaba a Jorge Manrique: “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando cómo se pasa la vida; cómo se viene la muerte tan callando…”. Así recordaban a la niña Soledad. Una de aquellas tardes, Candela y Rocío, después de escuchar a la tía Rosalía, se pusieron de pie y, tocando palmas, cantaban: "Soledad se fue a la guerra, ¡ay qué dolor, qué dolor, qué pena! Soledad se fue a la guerra, no sé cuándo vendrá. Do-re-mí, Do-re-fa. No sé cuándo vendrá". ... Una de aquellas tardes, todo el pueblo de Al-Ésjaton, escuchando el cantar de las dos niñas, se puso en pie recordando lo que había dicho el cojo Rafael. Y todos a una, desde La Casita de Papel hasta los cortijos del Puerto y Menaute; desde la fábrica de pieles ZERIMAR, campo de Fútbol y piscinas municipales hasta los barrios de La Pimienta y San Benito, todos los alesjateños, absolutamente todos, bien nutridos, tercos y corajudos, exhibiendo entre las manos un buen fajo de billetes, exclamaban: “¡Rescatemos Gibraltar! ¡Tomemos Gibraltar! ¡A por Gibraltar!”. Y, aquella misma noche... ...trastornando su memoria, salían de sus casas extraviándose enfebrecidos por entre las oscuridades de los montes, por tierras de pinsapos, alcornocales y acebuches, hacia las sierras del Aljibe y Puerto Oscuro, dispuestos a asediar, invadir y conquistar el Peñón. Cuando consiguieron llegar a Puerto Oscuro, se asomaron desde lo más alto y, porque la oscuridad nunca tuvo el poder de entenebrecer la luz, la luz se abría paso en la oscuridad. Estaban contemplando La Línea de la Concepción, San Roque, Los Barrios, Algeciras, las luces de Ceuta y la isla Perejil, mas por ninguna parte veían Gibraltar. -¿Os dais cuenta? -¿Quién se lo habrá llevado? El cojo Rafael gritó: -¡Venga, vamos! ¡Decidlo! Comenzaron todos a vocear, agitados por el céfiro de la noche. Y en aquella destartalada asamblea se escucharon cientos de siglas: La CIA, la ETA, los GRAPO, IRA, Sendero Luminoso, la Canción del Olvido y Ramoncín. Eran ráfagas verbales que muy pronto acabaron en risas cuando alguien nombró a un tal Crespillo, un simpático muchachote de Al-Ésjaton. Y entonces dijo el veterinario Pepe Agüera: -¡Ése canta! ¡Basta un par de bofetones! ¡Dejádmelo a mi! Advirtió alguien que se avisara al general Ballesteros, el de las guerras de la Independencia contra los soldados de Napoleón. Alguien propuso volver a editar “El Grito de Al-Ésjaton” (imitación de aquel “El Grito de Carteya”) para que el Gobierno de la Nación despertara de los laureles, convocara Elecciones Generales y acudiese en su ayuda para rescatar a la niña secuestrada en Gibraltar. Además se prometieron reponer aquel programa radiofónico por nombre “El Mochuelo” para recaudar fondos. -¡Que hable el señor cura! -gritó uno. Al cura párroco (un curilla que llevaba siempre entre las manos un papamoscas cerrojillo) al momento le abrieron paso a empujones y se subió a un peñasco. El viento inflaba su balandrán e intentó poner algo de orden en aquella desconcertada asamblea. Propuso recoger firmas para pedir que trasladasen el Obispado de Cádiz a Algeciras, como hiciera la Bula pontificia de Clemente VI allá por los años de 1.344. Confesó estar seguro de que el señor Obispo, auxiliado con la gracia de la divina Providencia, sin svásticas ni derramamientos de sangre, sería el único capaz de coordinar las operaciones encaminadas a rescatar el Peñón y traerse a la niña Soledad para su casa en Al-Ésjaton. ... ... ... Si cerramos los ojos para escuchar, oiremos el silencio. Después, sonidos que nacen de ese silencio. Y si me valgo de mis ojos para ver la luz y todas las formas, surgirá una configuración exquisita, algo que vibra proveniente del espacio. Es EL AMOR DE UNA MIRADA que recordamos y queremos por siempre. Es la mirada de aquella "niña" que se llamaba Soledad, o tal vez Rocío, quizás Mª. Ascensión, no importa. Lo que impota y nos conmueve es tan brillante iluminosidad y el AMOR DE SU MIRADA. César R. Docampo
http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2010/05/21/el-amor-mirada-/ 2010-05-21T08:41:13Z
César latabernadelosmares@yahoo.es

No hay comentarios:

Publicar un comentario