lunes, 15 de septiembre de 2014

¡CUÁNTO LE COSTÓ A LA MUERTE APAGAR LA LUZ DE SUS OJOS! (Fotografía de Diego Moreno Jordán, por gentileza de su sobrino Rafael Jordán Gómez) ==============================

A DIEGO MORENO JORDÁN. IN MEMORIAM.

Si “Médico es aquel a quien Dios le envía pacientes”, exclamaba Paracelso, periodista es aquel que cubre una necesidad humana anunciada por Aristóteles al comienzo de su Metafísica: “Todos los hombres -dice Aristóteles- desean conocer por naturaleza”. Pero, algún día, tanto médicos como periodistas también se nos mueren dejando aquí abajo sus menesteres y disidencias.

… … …

Cuando rompía el amanecer y se atesoraba la mañana de aquel miércoles 11 de Febrero del 2009, Diego Moreno Jordán supo que se le acercaba la muerte…, igual que lo había hecho con Ana Frank, Gide o Albert Camus. De manera inusitada.

Diego la vio venir desde su silencio; desde los sueños últimos de su realidad, no desde la realidad de un Sueño. En ésas, la muerte (siempre desprevenida) se hizo valerosa, contundente e irrevocable. E, inundándolo de éxtasis, le habló diciendo:

“El TODO es lo verdadero; cuando abraces ese Absoluto, dará comienzo tu nueva vida. ¡Para siempre!

Entonces Diego Moreno, recordando a Dámaso Alonso en “Hijos de la ira”, sin abrir los labios le contestó a la muerte recitando:

"Heme aquí, soy hombre, hijo de dios. Soy dulce niebla, centro cálido, pasajero bullir de un metal misterioso que irradia ternura.

Podrás herir la carne y aún retorcer mi alma como un lienzo. Mas no apagarás la brasa del gran amor que fulge dentro mi corazón, bestia maldita".

Y, al instante…, se abrazó con lo Absoluto más allá de los cañaverales.

... ... ...

Diego Moreno Jordán, periodista y letrado tan endiabladamente terco en su genialidad telúrica, guardaba en su corazón muchísimas cosas para decirle a Dios. Estoy seguro de que se las ha soltado todas, por última vez, porque siempre había sido un hombre sin miedos.

Sus restos mortales, a cuestas con el pasado, retornaron a su Campillos del alma en la provincia de Málaga. Y el féretro de pino, de acá para allá siempre a hombros de seis mujeres, sus seis hijas, ya reposa guarnecido junto a su madre.

Diego Moreno Jordán había cursado el bachillerato en el Colegio de los Jesuitas del Palo (Málaga), lo mismo que Ortega y Gasset. Igual que Ortega y Gasset, también él había sido Príncipe del Colegio, el cargo de más alta estirpe en los colegios de élite S.J. Después de licenciarse en Derecho por la Universidad de Granada, había cursado la carrera de Periodismo en la Escuela Oficial de Madrid. Trabajó en el periódico Pueblo y en RNE, colaborando en Diario-16, en la revista “Posible” y muchos otros medios. Sin embargo, su labor más destacada la desarrolló como cronista en Las Cortes (época de Franco) y luego en el Congreso de Diputados.

Desde la tribuna para la Prensa, por los pasillos y demás espacios del Parlamento, supo entrevistar y relacionarse con el espectro político de España los últimos cincuenta y pico de años, en toda su vastedad. Los conocía a todos. A todos les amplificaba la vida con las linotipias, "walkie-talkie" y telefacsímil desde ese imperio colonial que es la Información.

Sobre políticos y otros variopintos personajes, Diego Moreno lo sabía casi todo, de modo que pudo hablar y escribir a los cuatro vientos. Le esperaban sus lectores pues, como dice el Antiguo Testamento…, “No se harta el ojo de ver ni el oído de oír”. Y entonces, esa concupiscencia humana requiere a los periodistas. Necesita la asombrosa luz de su mirada.

Y entonces, Diego Moreno...,

-Desde el revés de su naturaleza, supo situarse en su terquedad.

-Fue siempre ese hombre que, además de su biografía, acataba su destino; el "mañana" que ya es "hoy" y pronto ha de ser "pasado".

-"Somos el tiempo que nos queda", me dijo una vez, citando a Clara Campoamor.

-Siempre seguro y sin vacilaciones, Diego Moreno era paz y era guerra. No le importaba errar en lo menos si acertaba en lo principal. Sumiso tan sólo a los supuestos naturales de su personal forma de vivir la vida. Un juego de abalorios que despreciaba hipócritas estructuras y el qué dirán. ¡Ay el "qué dirán", ruin espectro de la envidia!, sobre la que tanto habían hablado el espíritu latino de Pirandelo y el suicidio de Pavese.

-Y yo recuerdo que una mañana...:

... en la cuarta planta del Ministerio de Educación (Calle de Alcalá, núm. 34), donde Diego Moreno tenía su despacho como Jefe del Gabinete de Prensa del Ministerio de Educación, hablando sobre Unamuno, no sé cómo, cité su novela "Abel Sánchez", y Diego Moreno, con aquella su voz un poquitín cascada, me dijo: "Abel Sánchez" es el mejor alegato de nuestro mal nacional, la envidia".

-En aquel preciso instante la radio estaba informando sobre el secuestro de José Mª. de Oriol y Urquijo, Presidente del Consejo de Estado. Había ocurrido esto una aterida mañana del 11 de Diciembre de 1976 a cargo de los GRAPO.

-Diego Moreno conocía bien la Historia de España, en especial ese segmento tan bronco entre la dictadura de Primo de Rivera y el Alzamiento Nacional.

-Lo mismo te hablaba de Juan Negrín, Jiménez de Asúa, Miguel Maura, Besteiro o Fernando de los Ríos, que de Pemán, Jorge Vigón o Víctor Pradera.

-Citaba a Machado y su poema "La tierra de Alvargonzález" o te hablaba de aquel escrito ("La Esfinge") de María Zambrano.

-Llamaba la atención su memoria prodigiosa, su brillante destreza y agilidad para las grandes síntesis. Aquella su impresionante memoria acertaba siempre a intercalar datos y anécdotas encadenados en “flashback”, siendo así cómo Dolores Ibárruri, Margarita Nelken o María de Maeztu cobraban su propia dimensión escuchando a Diego Moreno.

-Diego Moreno siempre se sublevaba posicionándose con determinación a favor de los débiles y menesterosos, en pro de las clases marginadas, detestando discriminaciones y privilegios.

-Sin olvidar las ásperas dentelladas que en su pueblo de CAMPILLOS (Málaga) había ocasionado la guerra civil, cuántas veces nos recordaba a las criaturas de la posguerra. En la memoria de Diego Moreno persistía una indeleble vivencia: la de aquellas niñas que sus padres colocaban a servir en las casas de los ricos, más que por un salario, para que les dieran de comer. Así nos lo recordaba Diego Moreno y se nos quedaba mirando con fijeza; los ojos dolientes y el spray en la mano, atento a sus ataques de asma. Lastimada imagen de un Diego Moreno que jamás podré olvidar.

“Siempre habrá nieve altanera que vista el monte de armiño... y agua humilde que trabaje en la presa del molino.

Siempre habrá un sol también, un sol verdugo y amigo que trueque en llanto la nieve y en nube el agua del río". ("Versos del Caminante", de León Felipe)

Mi querido Diego Moreno Jordán, ¡cuánto le costó a la muerte apagar la luz de tus ojos...!

César R. Docampo

http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2009/02/14/a-memoria-diego-moreno-jordan-/ 2009-02-14T20:15:01Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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