lunes, 15 de septiembre de 2014

CAMPILLOS (Málaga): La Transición (145) LAS LÁPIDAS DE LOS CAÍDOS. ALTAR A LOS CAÍDOS EN LA PLAZA CARDENAL SPÍNOLA. ==================================== 1.- APOLOGÍA DE LA GUERRA: A Heráclito de Éfeso le llamaban el “filósofo llorón”. De familia aristocrática, altanero y desdeñoso, al final de sus días se retiró del mundo y vivió en los montes. Siempre utilizaba la misma metáfora para expresar las leyes que rigen el mundo: La discordia y la guerra. "Pólemos pater pantom" = "La guerra (es) el padre de todas las cosas", afirmaba Heráclito sin cesar. Dos mil y pico de años después nacía Hegel en Stuttgart, un 24 de Agosto de 1770. Se educó en el Seminario teológico de Tubinga y fue amigo del poeta Hölderlin. En Hegel, aunque sus ideas reposan sobre el suelo vital de una visión religiosa del mundo, subyace en ellas una solapada apología de la guerra. En la batalla de Jena contra el invasor Napoleón murió un hermano suyo y él perdió su cátedra. Sin embargo decía: “He visto al Emperador a caballo, he visto la Razón a caballo”. En la conciencia de Hegel habitaba un elemento pasional heredado de Baruch Spinoza, al que tenemos que sumarle el conocimiento de aquella hermosa jungla de vivencias e ideas que Balzac había expuesto con extraordinaria lucidez en sus dos obras: “La comedia Humana” y “Las Ilusiones perdidas”. “Hegel es el álgebra de la revolución”, gritó una vez Alejandro Herzen. Y lo fue. Porque Hegel es el abuelo del fascismo italiano, del nacionalsocialismo alemán y del marxismo ruso, ideologías culpables de más de cien millones de muertos en guerras. Y esas tres ideologías alimentaron nuestra Guerra Civil. Siempre las revoluciones, las discordias y las guerras han configurado la vida, pasión y muerte de nuestra humanidad. Desde los mitos a nivel alegórico como es la “Gigantomaquia” o batalla de Zeus contra los Gigantes, narrada por Hesíodo en su Teogonía, podríamos detenernos en miles de historias bélicas, todas crueles. La famosa estela de cuarzo de la época de Nectánebo II que lleva el nombre de “Estela de los cuervos”, nos ofrece una de tantas incursiones de aquel rey de Asiria, Asurbanipal, retirándose de los campos de batalla, pisando sobre los cadáveres destrozados de los soldados enemigos muertos en combate, bajo una nube de cuervos que ya revolotean para lanzarse a la carroña. La guerra de los 30 años (1618-1648), una guerra religiosa de protestantes contra católicos y de católicos contra protestantes, y de todos contra los mandamientos de Dios, tuvo nueve millones de muertos, tantos como en la primera guerra mundial. De las guerras mundiales y sus holocaustos mejor es no hablar. Aconsejo la lectura de la obra de James Petras, “Modernidad y Holocaustos del s. XX”, sobre la construcción imperialista y el asesinato masivo. En 1970 Pol Pot y sus Jemeres rojos, apoyados por el gobierno de Hô Chi Minh, fieles al maoísmo y al comunismo internacional, iniciaron en Camboya una Guerra Civil. Entre 1975 y 1979 torturaron y asesinaron a dos millones de personas. Los Campos de Extermino se convirtieron en un Infierno de extrema crueldad. Más crueles todavía que los alemanes. Y el resto del mundo sin enterarse. No había muertos, esa palabra era tabú. Sólo había desaparecidos. Los cadáveres descuartizados eran utilizados como abono. Las guerras de Nigeria, la destrucción de Biafra y las matanzas de Ibos, en resumidas cuentas no fueron más que sangre por petróleo. El Infierno de Ruanda y Burundi fueron carnicerías entre hutus y tutsis, con la vista gorda de los gendarmes americanos. Y en medio de todo esto, ¿dónde situamos a Dios? Padre nuestro (de todos, eh), providente, omnisciente, omnipotente… que -según se dice en alguna parte- no se nos cae ni un cabello sin su consentimiento. ¿Qué hace, a dónde mira, por qué no sale en ayuda de los débiles, de los perdedores en infames batallas? Dijo una vez Napoleón: “Dios sólo ayuda a quien tiene los cañones”. Es decir: La fuerza es la virtud suprema; la debilidad el único pecado. Los problemas casi siempre se han resuelto no con votos ni retórica, sino a sangre y fuego. Como hizo Bismark que dominó a Austria, humilló a Francia y fundó un Imperio. En el mapa bélico del siglo XX, la Guerra Civil española, a nivel planetario, fue una guerra más. Una guerra que todavía se nos cuenta en dos versiones. Pienso que debiéramos sumar las dos y sentir primero dolor y después vergüenza. . . . César R. Docampo http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2009/02/04/campillos-malaga-transicion-145-/ 2009-02-04T01:14:40Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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