domingo, 21 de septiembre de 2014

CAMPILLOS, PERFIL DE UN PUEBLO, TRANSICIÓN Y MEMORIA HISTÓRICA.


CAMPILLOS (Málaga), PERFIL DE UN PUEBLO, TRANSICIÓN Y MEMORIA HISTÓRICA.

Si Nuestro Señor Jesucristo, después de la guerra civil, hubiese bajado a Campillos con una cámara en la mano, por supuesto no forjaría parábolas (“Una vez iba un samaritano de Jerusalem a Jericó…”), pero hubiese filmado imágenes parecidas a las que podemos ver en “Miscelánea Campillera” de Idelfonso Felguera Herrera. Y a lo mejor nos ayudaría a comprender que todos fuimos muy buenos y muy santos, pero a la vez tan perversos como en todas las guerras civiles, porque unos y otros, antes o después, fuimos agresores y agredidos, entendiendo que los que habían hecho amargo el pan del prójimo acabarían siendo sus víctimas y después sayones de los anteriores verdugos. Eso hubiera filmado Nuestro Señor Jesucristo, naturalmente, si se lo hubiese permitido la censura.
En “MISCELÁNEA CAMPILLERA” se exhibe una batería muy valiosa de fotos que nos ofrecen el rostro resucitado de un pueblo en la posguerra. Una ristra de láminas con pie de foto y sin texto. No lo necesita. El lenguaje de las imágenes dice más que la retórica de las palabras. Esas fotografías, dejadas caer o tal vez distribuidas sabiamente, nos dan una visión amable, fresca y auténtica, de un pueblo que ha salido de una guerra civil, que supo perdonar sin recortar la esperanza de sus legítimos sueños, y seguir adelante.
Yo no conocí Campillos hasta el otoño de 1964, pero viendo esas fotos, puedo apreciar el renacer de un pueblo normal. Un pueblo como el que vemos en “El Pan Nuestro de Cada Día”, de King Vidor, o en “Surcos” de J. Antonio Nieves Conde, pero sin material sórdido (rencor, espanto, miradas torvas). Tampoco hay nostalgia sobre paraísos de pureza política. Parecen fotogramas sueltos de una película del Neorrealismo italiano, como si hubieran sido filmados por un Vittorio de Sica, para un guión de Cesare Zavattini, con aquellos fondos musicales de Nino Rotha.
Las fotos referidas al campo me recuerdan a “Cuatro pasos por las nubes” de Alessandro Blasetti. Un paisaje virgiliano: Competiciones sobre labranza; arando, trasportando gavillas, descargando mieses, envasando el trigo limpio, mulos y carros portando el grano desde las tierras que nos alimentan. Las fotos de un Campillos con barriadas menesterosas; gentes samaritanas ofreciendo de comer a los pobres; obreros yendo a trabajar al campo en bicicleta; así como campañas de Navidad “Todos a Una”, testimonian sobre las penurias consecuentes de una guerra, haciéndonos recordar “El Limpiabotas”, “Ladrón de Bicicletas” o “Milagro en Milán”. Y las autoridades acudiendo a solventar los problemas allí donde se encuentra la escasez, por ejemplo de viviendas.
Si de Campillos siempre me ha llamado la atención ese notable esmero que orna a sus mujeres reflejado en el orden que preside su ajuar y la limpieza de sus casas (desde que barrían la acera, encalaban de blanco las paredes dos veces al año y engalanaban los balcones con búcaros de begonias y alelíes), lo confirman las imágenes: no hay desdoro, ni hay suciedad en los barreños, ni espacios descuidados. Nada que despiojar. Tampoco se observan situaciones de crudeza ni cuadros folletinescos o maniquís de cera. Nada es ficticio. Lo que destaca y sobresale es un pequeño mundo de verdad y de apertura a soluciones colectivas:
Información al gremio de panaderos, mesa para elecciones sindicales y muchas procesiones. Un neorrealismo vertical aunando lo social con lo religioso: procesiones matinales, mañanas de acompañamiento, Cuerpo de Romanos en las mañanas de Jesús, La Pollinica, salida del Nazareno a recorrer las calles. El mismo recorrido que otro día hará el Gobernador entre el cura párroco y el alcalde don Manuel Recio Campos. Quiero decir que vemos a las autoridades junto a su pueblo y a los alcaldes en el lugar que les corresponde: A don Baltasar Peña cuando era presidente de la Diputación; a don Francisco Ruiz Acedo muy joven y muy aparente despachando con los vecinos, ofreciéndose y ayudando. A don Manuel Recio Campos, un hombre singular que, junto a aquel ilustre Secretario Ignacio Huelin, situó a Campillos en lo mejor de su historia. Por lo que me dicen y conozco, puedo afirmar que D. Manuel Recio Campos ha sido para Campillos el alcalde más notable y mejor considerado de todo el siglo XX.
Las fotos de Ildefonso Felguera ofrecen cursillos para falanges juveniles, reparto de brazaletes, gimnasia femenina bajo el yugo y las flechas, bailes de la Sección Femenina mostrando cuerpos de mujeres que parecen ninfas al sol; cadetes por aquí y por allá brazo en alto, desfilando de tres en fondo por la calle Real; un sector del pueblo en medio de tricornios y uniformes falangistas, delante de La Lobilla, a la sombra de balcones con el Yugo y Las Flechas, más un letrero que dice “Todo por la Patria”. Como acorde final, medio pueblo, brazo en alto, cantando el “Cara Al Sol Con La Camisa Vieja Que Tú Bordaste En Rojo Ayer…”, ante la Cruz de los Caídos.
Y por todas partes los iconos de Falange.
No hay embarullamientos. No es la alegría de un circo. Todo es verdad. Es Campillos: Una sociedad de posguerra (se ve en los uniformes y las insignias, que a veces reflejan ver gigantes donde solamente hay molinos). Es Campillos: Un pueblo obstinado y firme en sus valores y creencias, que sabía perdonar y seguir adelante.
César R. Docampo













http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2012/01/16/campillos-malaga-perfil-un-pueblo-transicion-y-memoria/ 2012-01-16T12:41:48Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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