viernes, 24 de marzo de 2017

LAS TRAYECTORAS DE LA MUERTE. SEGUNDA PARTE:

LAS TRAYECTORAS DE LA MUERTE. SEGUNDA PARTE:

Desde comienzos del siglo XIX, los signos que tradicionalmente se han asociado a la muerte, han sido la ausencia de latido cardíaco (que puede aparecer unida a la falta de pulso): la ausencia de respiración, que se manifiesta cuando las extremidades, la boca y los labios se vuelven morados, y una falta de reflejos en las pupilas de los ojos. Con los avances experimentados en la tecnología
médica, estos signos se han vuelto difíciles de determinar. Los respiradores, las unidades de reanimación cardíaca y los dializadores pueden mantener estas funciones vitales con poco o ninguna actividad cerebral. Emplear el criterio de muerte cerebral para determinar la muerte de una persona resulta especialmente controvertido. El electroencefalograma registra la actividad eléctrica del cerebro. Aunque el cerebro contenga el centro de la conciencia, puede estar destruido, mientras que el corazón y los pulmones pueden seguir funcionando todavía. Consiguientemente, si se acepta la muerte cerebral como el criterio para determinar la muerte de una persona, se realiza un juicio basado en el valor de la capacidad que tiene el ser humano para pensar, razonar, sentir y relacionarse con los demás. El conflicto surge cuando el cerebro de una persona muestra poca o ninguna actividad eléctrica, pero el corazón y los pulmones continúan funcionando, especialmente con la ayuda de máquinas.

Muchas personas mayores de nuestra sociedad comienzan una muerte psicosocial mucho tiempo antes de que el cuerpo desarrolle enfermedades físicas. Según la teoría del envejecimiento propuesta por Cummings y Henry (1961), las personas mayores se van desligando progresivamente de su entorno y se van retrayendo de modo paulatino en un estado de aislamiento. Las enfermedades crónicas causan un trastorno en las relaciones sociales, ya que alteran la movilidad, el discurso y la facultad auditiva, entre otro problemas.
En la fase final de la Vida, los ancianos pueden optar por ailarse de los demás. Con frecuencia limitan las visitas a una o dos personas de la familia o de amigos muy íntimos. Además, las personas mayores son particularmente propensas a este tipo de comportamientos cuando una enfermedad de larga duración ha producido cambios drásticos en su aspecto físico. El personal de enfermería debe tener en cuenta que no todo el mundo vaalora tener muchos familiares y amigos, y no desean restablecer estas releciones. Scanlon (1989) ha indicado que el aislamiento del entorno y de las relaciones con los demás, es una característica normal en la adaptación de una persona que se está muriendo y no un reflejo de la pérdida de cariño.
Un paciente que estaba a punto de morir, a causa de un melanoma, tenía una hija a la que no había visto y con la que no había tenido ningún contacto durante varios años. Cuando vino a verlo, reaccionó contra ella de un modo grosero y enfadado, y su hija ya no volvió más. Algunos días después, mientras hablaba con una enfermera, el paciente intentó explicar su comportamiento: Dijo: No, no quiero volver a verla o hablar con ella otra vez. Ese dolor se acabó. ¿Por que revivirlo ahora?". Murió una semana más tarde, solo, como él lo había decidido.

César R. Docampo, catedrático de Filosofía y Periodista por la antigua Escuela Oficial de Madrid.

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