viernes, 24 de marzo de 2017

LA BALADA SANGRIENTA DE CHARLES MANSON. ¿SE ACUERDAN?

LA BALADA SANGRIENTA DE CHARLES MANSON. ¿SE ACUERDAN?


Susan Denis Atkins, a sus ventiún años de edad, tenía la mirada de quien había visto los abismos más fríos del alma humana, Hacía pocas semanas que una ex-bailarina desnuda, había soltado fragmentos de una historia que a muchos oídos sonaba como a pura fantasía de una mente perturbada.

Narraba escenas de una serie de asesinatos a sangre fría perpetrados por una secta en la que predominaban las mujeres, y hacía de "gurú" un Rasputín de terrible mirada. Su compañera de celda escuchaba como quien oye la sentencia de un grotesco juicio final.
"Aquel hombre me perjudicó. La Sociedad me perjudicó, Mataremos a todos los cerdos que encontremos en esa casa. Id a ella y matarlos", había dicho Charles Manson, un barbudo de cabello hasta los hombros que, con treinta y cinco años de vida, tenía veinte de delincuencia. Y las "amazonas" de "su" familia se pusieron en marcha para cumplir lo que les ordenaba "Satán" o "Jesús", que de ambos modos se hacía llamar. "Nos tenía hipnotizadas", explicó más tarde a la policía una de "sus" mujeres, ya que todas constituían un harén dedicado a satisfacer los menores deseos de Manson. Se consideraban esclavas del psicópata y no cabía la menor duda de que si les pedía matar a alguien, matarían.
La madre de Charles Mason dio a luz en 1934, siendo una adolescente, y su hijo nunca conoció al padre. Entregada a la prostitución, su progenitora encontró pronto que el niño era un estorbo y se deshizo de él enviándolo a casas de parientes, a orfelinatos o reformatorios según se cansaban unos y otros del pequeño.
Por su lado, Charles aprendió de la vida que robar es mejor que trabajar. Los castigos que le acarrearon sus infracciones iban marcándole y dando vida a un odio profundo hacia la sociedad afluyente, hacia los que tenían lo que él deseaba. Sociedad y mujeres se convirtieron en la imagen concreta de ese odio. La música y las ciencias ocultas fueron el único interés que sintió desde que, muy temprano, abandonó la escuela, convirtiéndose en un inestable solitario, resentido y agresivo.
Continuará. César R. Docampo.

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