"¿Esperanza ante la Muerte?"
----------------------------------------------------------------------------------------
Ángel del Cementerio de Comillas (Santander).
El problema central del pensamiento moderno es el de la Muerte. Ni heroísmos, ni amores, ni humanitarismos, ni siquiera inquietud religiosa, ocupan hoy el centro de la vida intelectual y emotiva. Un inmenso pavor sin esperanza recorre la tierra y ha creado filosofías que hacen del hombre no sólo un ser para la muerte, sino un ser que sólo se explica por la muerte. Y este dramatismo que pende obsesivo sobre la Humanidad, ha originado la paradoja de que toda su libertad y sus posibilidades, la empleen para huir de la vida.
Hay un pánico universal que busca las embriagueces... -en la velocidad, en el placer, en el dinero, en el poder- que puedan apartar de su pensamiento la copa de la muerte.
Su terror proviene de que ella es el pórtico de la Nada. La muerte va acompañada de la extinción total, y para no enloquecer ante ese final, la Humanidad busca entretenimientos existenciales que disuelvan, con su pensamiento, su yo, en las pasiones y temas de la tierra.
El Existencialismo ha querido llenar este problema de la muerte, tan soslayado en las filosofías tradicionales. Pero no la muerte como tránsito, como acceso a un mundo eterno, como liberación del alma, o bien como negación del espíritu, sino el de la muerte concreta y patética, el de la muerte encerrada en el cadáver, el de la muerte que forma como la almendra de todos los momentos de la vida y cuya llegada angustia el cuerpo y el alma.
Si la muerte representara una conquista fundamental en el hombre, sólo el suicida sería dueño de su destino. Esa es la tesis A. Camus. Pero el suicida es su víctima y entra en su reino en un acto decisivo de su voluntad. Una vez más, los opuestos presentan caracteres semejantes. A la muerte, sí, sólo es posible vencerla muriendo. Y, el justo, al desarraigarse de la tierra, muere en cada uno de sus instantes.
César R. Docampo


