domingo, 21 de mayo de 2017

-¿Ves esto? No necesita comer, ni se encapricha, ni siente celos, ni puede ir a un manicomio.

-¿Ves esto? No necesita comer, ni se encapricha, ni siente celos, ni puede ir a un manicomio. No se enfada. Se le dice algo y no lo olvida hasta que se le ordene que lo haga.
-¿Qué es eso?
-Un "GIGO": Garbage In, Garbage 0ut. "Basura, dentro; Basura fuera".
-Números y más números. Eso mismo lo hacíamos en mis tiempos jugando a las Siete y media. Programas "bucles", les llaman.
¡Felicidades, poeta! Vamos, sopla, dí algo humano para que este "on-off" del estuche se parezca a nosotros.
-Imposible. Nuestro cerebro tiene más de diez mil milones de neuronas, directa o indirectamente conectados, dando origen a miles de millones de bucles muy complejos.
Vosotros aprendisteis del ábaco chino. No os bastó una memoria electrostática, ni la máquina compuesta de relés electromagnéticos.Usais núcleos magnéticos. Vuestra máquina tiiene poderes de inducción, desbordan las dimensiones de la velocidad, puede mantener procesos pensantes, pero nunca extasiarse ante una rosa marchita, ni gozar contemplando la quilla de una golondrina, o los recuerdos inherentes en ese viejo sillón de vuestro abuelo.
Estamos creando un país de ceros; un país sin intimidad, lleno de telecámaras y micrófonos. Oh Torre de Babel.
-Nos agrada tu léxico. No te vayas.
-¿Dónde están vuestros ídolos?
-Murieron a balazos.
-¿Dónde están los héroes?
-No los hay. Dios los mató.
Y yo sueño pesadillas. Vuestro mundo se acaba. Teneis prosperidad, pero no hay orden. Haceis supercerebros, capaces de trenzar y destrenzar todas las crines del mundo. ¿Qué importa, si no sabeis hacer un verso? ¿Qué importa vuestra técnica, si el gatillo de cualquier revolver está a merced de un demente, y, el demente, a merced del dinero, y el dinero en manos libidinosas y grasientas.
"Pum, pum, pum". Sonaron secos los tres disparos. Manó la sangre, como el zumo de uva en el lagar, por todas partes.
El poeta sintió que lo encañonaban, que lo iban a matar, igual que a su compañero. En ese instante, dió un vuelco y...despertó. Caras, miles de caras, mirándolo, pronunciando su nombre, festejando por él.
Y los miró a todos. No conoció a nadie y prefirió seguir soñando que peregrinaba mientras llevaba en sus manos una piedra blanca. Toda su angustia se expresaba en no saber dónde dejar la piedra.
César R. Docampo

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