martes, 1 de diciembre de 2015

FUERZAS ANTAGÓNICAS CONTRA LA SOLIDARIDAD ("EL GLOBO ROJO").




Albert  Lamorisse es el guionista y director de  “El globo rojo”. Había nacido en París un 13 de Enero de 1922.  Después de haber sido alumno del Instituto de Altos Estudios Cinematográficos (I.D.H.E.C.), de París, en 1946 comienza a trabajar profesionalmente como ayudante de dirección.  Pasando, más tarde, a dirigir  “Djerba” (1949),  “Bim” (1950),  “Crin Blanca” (1953)  y  “El globo rojo” (1956).  Cine de niños para mayores, o viceversa.  La temática de Lamorisse es universal. Lamorisse es un idealista; mejor dicho, un poeta del cine. En estas sus cuatro primeras películas, Lamorisse enfrenta a un niño contra el mundo que le rodea, luchando por su derecho a la ilusión. Esta ilusión puede estar personificada en un asno, en un caballo o en un globo. El cine de Lamorisse siempre es más profundo de lo que parece.

“El globo rojo”  es cine-cine: Primoroso, acabado, perfecto. Sin virtuosismos. Sencillez buscada y encontrada. Plástica bellísima, suave, a tono con las exigencias temáticas. El montaje justísimo. La interpretación sobresaliente en las figuras principales.  Algo rígida en los personajes de menor importancia.
En síntesis, EL  ARGUMENTO:
Un niño encuentra un hermoso globo rojo. El globo parece tener vida propia y sigue al niño a todas partes. Se hacen amigos inseparables. El niño ama a su globo como a un auténtico amigo. Y lo defiende frente a las asechanzas de los niños del barrio, que intentan apoderarse de él. Estos golfillos, al fin,  logran coger el globo. El niño, tras un gran esfuerzo, lo recupera, pero los otros niños, tirando piedras, logran romper y desinflar el globo. El globo muere. Pero, al mismo tiempo, todos los globos de París se liberan de sus ataduras  -redimidos por el más bello de los globos-  y se dirigen en tropel al lugar donde ha muerto el globo rojo. Y, cuando están allí todos los globos reunidos, se dejan coger por las manos del niño, a quien ascienden hacia el cielo.
…   …   …

Parece ser que Lamorisse se ha inspirado en un cuento que narra la historia de un niño y un aro. Esto es lo que le indujo a trabajar con objeto como protagonista. Es curioso observar   -en la escena del mercado de objetos antiguos-  el detalle de que aparece un cuadro en el que, precisamente, vemos pintados a una niña con un aro.
Uno de los mayores aciertos de Lamorisse es el haber conseguido dotar a un globo de un maravilloso carácter humano. El globo adquiere vida propia, y no por medios técnicos, sino por inspiración, ya evidenciada en el guión. La amistad, el cariño que el globo siente hacia el niño se muestra en casi todas las escenas: la espera a la puerta del colegio, tras la ventana de su casa, cuando juega con él escondiéndose en las esquinas, cuando le sigue detrás del tranvía, etc.  Y repárese en el detalle lleno de sutileza cuando el niño va a la iglesia con la abuela y el globo le sigue a una distancia mayor que la acostumbrada. Y esta cualidad humana del globo se manifiesta con mucha más fuerza en tres momentos:
PRIMERO: Cuando el niño va por el mercado de venta de objetos usados, el globo se encuentra con un espejo y vuelve para mirarse en él.
SEGUNDO: El niño se cruza con una niña rubia que lleva un bello globo azul. El globo rojo se vuelve hacia el azul. El niño lo coge y se lo lleva. Es entonces el globo azul el que vuelve hacia el rojo, aunque la niña impide también este nuevo intento de unión. Es aquí  -en esta escena de AMOR-  cuando Lamorisse alcanza el máximo grado de sensibilidad poética.
TERCERO: El grado máximo de sentimiento trágico se consigue en la muerte del globo, impresionante plano de medio minuto de duración, y equiparable, en fuerza trágica,  a cualquier muerte humana  que en el cine se haya realizado.  Y quiero describirles brevemente este plano en el que la cámara se mueve muy levemente y en el que el silencio es casi absoluto: Una piedra da en el blanco, el globo estalla y se desinfla poco a poco, va cayendo, se humedece, suda, se arruga y, cuando está a la altura del suelo, un chaval lo aplasta y acaba con la vida del globo.

Y fíjense bien en las fuerzas antagónicas: El globo  tiene que luchar contra diferentes oposiciones que tratan de coartar su amistad con el niño: es la abuela, que lo echa por la ventana; es el perro, que quiere morderle; son las convenciones urbanas  que le imposibilitan entrar en el tranvía; es el profesor y el director del colegio quienes se sienten molestados con la presencia poco seria de un globo;  son los niños del colegio, que sienten envidia, y son los golfillos, que acaban con él. Resumiendo:  Es la sociedad, en suma, quien asesina la ilusión del niño.                                                 

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